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Socializando en los 2000’s

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Vaya que son odiosas estas imágenes de Social Media…

Hace unos día, por azares del destino (búsqueda por internet) volví a contactar vía Facebook a una chica con la que me llevaba de maravilla cuando tenía unos 12 o 13 años (o sea, hace como 10 años). Y no, no era una compañera de escuela, ni nada por el estilo. Nos conocimos por medio del difunto MSN Messenger, y no sé por qué, pero nos perdimos la pista. Puede que haya sido por los millones de cuentas de hotmail que me hacía cada mes, o que en la edad de la punzada las personas nos volvemos los entes más insufribles y raros del mundo, pero a mi generación le tocó algo muy simpático en esos años.

El MSN nos daba el valor que nos faltaba a los tímidos para entablar relaciones amistosas o de otro tipo, pero siempre había una interacción. Lo único en lo que sustituía a la vida real era el hecho de no tener que ver a los ojos a tu crush mientras platicas de las cosas más tontas, y que por supuesto era mucho más barato y fácil tener una charla de dos horas diarias para conocer a alguien. Aunque también siempre ha existido el riesgo de que la persona del otro lado del monitor sea solo un personaje. Y claro, ¿por qué no? Como buena puberta del siglo XXI, tuve citas a ciegas promovidas por el maravilloso Messenger.

Este año, dijimos el último adiós al mártir de la socialización virtual. Que de hecho pocos seres lo usaban, al menos yo lo dejé de usar desde el 2011, cuando me compré una Mac y la interfaz del msn era horrible, entonces me mudé por completo al inbox del Facebook, al que ya era un tanto adicta.

La vida transcurrió normal… hasta hace unos días en que estábamos unos amigos y yo comiendo pizza un día lluvioso y de pronto surgió la pregunta “¿te acuerdas del messenger?“. Y de ahí se vino todo un viaje de anécdotas de como las redes sociales han cambiado las comunicaciones, tanto para bien como para mal.

Para empezar, haré una especie de ficha de lo que solía ser el messenger (explicado en mi estilo, sin rollos técnicos)…

El MSN Messenger era un programa de mensajería instantánea que surgió… no lo sé, la primera vez que lo usé fue en 2003, pero creo que fue por 1999 cuando empezó el boom de los chats (según recuerdo, cuando iba a los café-internet). Tenías que descargar el dichoso programa de la página de msn, al principio era una cosa fea, sin mucha gracia y con los emoticones más sosos del mundo, pero después salieron versiones más sofisticadas, con video llamadas, los odiosos zumbidos, stickers, sonidos e  incluso se les podían bajar plugins con funciones básicas de algo similar a html. Ser patético en el msn, implicaba poner un mensaje personal bien profundo o dolido o pendejo, o los tres, y como no, poner un nickname con millones de figuritas ezZcritho0 azhi. También haciendo miles de inicios y mandando virus (¡malditos!).

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Conectarse conllevaba cierta emoción esperando iniciar sesión mientras los gorditos verde azules bailaban dando vueltas hasta que nos vomitaban la lista de contactos, de los cuales, muchos o pocos, siempre tenías con quien entablar una conversación, alguien bloqueado, el que siempre estaba en “No disponible” para hacerse el interesante, el que todas sus letras tenían un comando para un gif (y con quien nunca querías conversar porque sus líneas te acercaban a la epilepsia), y por supuesto, el ser que nos cortaba la respiración cada vez que se conectaba.

Las formas de hacerse popular era poner tu foto de perfil más decente que tenías, o compartir tu súper vida social en ese bodrio de MSN Spaces (era como el Google+ de 2005, sabías que existía pero raro era el que lo tomaba en serio). Y claro, presumir tu selecto gusto musical mostrando como mensaje personal lo que escuchabas en tiempo real, aunque esa opción y el modo aleatorio de reproducción no daban unas hermosas balconeadas con esos gustitos no tan selectos.

Tirar drama se limitaba a unas cuantas líneas de mensaje personal y ya, si alguien se quería tirar el chisme completo, a fuerza tenía que platicar contigo.

Bueno, los años pasaron entre Facebook, y el internet móvil y todo cambió abruptamente. De pronto ya no eran suficientes las actualizaciones disponibles del msn, nadie quería usarlo más. Era mucho más fácil contactar personas en Facebook, porque solo basta con teclear su nombre y listo, la interfaz y aplicaciones se actuaizan automáticamente y lo mejor de todo… ¡ya no nos podemos preocupar más por preguntar nada! Tan solo un par de clics en la información de contacto te dan un perfil casi policiaco de a qué le tiran las personas a las que stalkeas. Oh si, pasamos de tímidos socializadores, a acosadores con permiso.

La historia con Facebook, la mayoría creo que la inició en 2007, pero la primera vez que me hice una cuenta fue en 2009 y no tenía muchos contactos, pero si mucho tiempo para tener vida. El “problema” vino cuando la mayoría de mis conocidos ya tenían cuenta y aunque el chat era medio primitivo, funcionaba. La facilidad con Facebook, es como lo escribí arriba, que puedes teclear el nombre de alguna persona y te aparece al chaz-chaz una listota hermosa con todas las personas con ese nombre. Así que con esa facilidad, contacté a ex compañeros de la primaria, secundaria, prepa, profesores, familiares de fuera, etc.

Otra característica es que, todo, TODO lo que pongas ahí se queda, oculto quizás, pero nada que un par de clics no resuelva para volver a traerlo de regreso. De hecho hay personas que si no tienes fotos de hace 3 años, piensan que tu cuenta es falsa. Poco a poco las personas encontraron en el “feis” un modo de tener popularidad de 5 minutos o con suerte un poco más. La privacidad en esta red es algo que vagamente recuerdo, pero a cuya falta acepté desde el principio, en esas políticas que nunca leí.

Entonces nos atacó la biografía tan odiada, que cronológicamente ordena nuestra vida en línea a placer de quien guste darse una vuelta a nuestra bio y deleitarse morbosamente de todo lo que hacemos, decimos, pensamos, soñamos, etcétera. Facebook es una invitación a la autodestrucción, simple y sencillamente por esos niveles de información tan exhorbitantes que maneja (introducidos por nosotros mismos, desde luego). Puedes ver quien tiene una relación con quién, el “cuadrito chismoso” de actualizaciones, la opción “Ver amistad” donde te enteras qué tipo de relación tienen tus amigos en común y otras muchas pequeñas fugas de chisme involuntario que se actualizan día con día, que se ponen peores y uno en el stalkeo no se da cuenta. Es más, el contacto es casi tan nulo “persona”-“persona”, que cuando intentas platicar con alguien por el chat, el pensamiento es de “¿Quién es este/a y por qué me habla?”, o “De seguro quiere algo”.

Ser patético en Facebook es tan fácil y tan común que ya ni escribiré sobre eso….

Facebook ya no es parte del mundo. El mundo es parte de Facebook.

Ya me explayé con estos temas, pero los cinco puntos de este post son:

1.- A mayor información menor interacción virtual-personal. 

Puedes conocer los gustos de alguien, los lugares que frecuenta, con quién se junta, qué ideologías tiene, dónde trabaja, etc., le podrás stalkear todo lo que quieras, pero eso no quiere decir que te tomará en cuenta y mucho menos que sean amigos.

2.- Por más que intentes llamar la atención de algún famoso, raro es el que se tomará la molestia de contestarte..

Pues porque, los famosos son famosos, son gente ocupada  ala que le chupa un huevo el mundo. Hagan lo que hagan saben que los seguiremos amando, pero la esperanza es lo último que muere, lo sé (Chris Cornell, espero hayas leído todas las veces que puse que te amo en tu muro <3).

3.- El área de recursos humanos de todas las empresas revisará tu perfil, así como tus jefes.

Por lo tanto, no, no y no hay que ser inapropiado ni hablar mierdas de nadie, especialmente de tus jefes, clientes o compañeros laborales. Entiendo que cuando alguien pone frases profundas nadie lo pela, pero apenas apuestas a lo incorrecto en el mundo virtual, la información llega a todos. A TODOS.

Y si no agregas a tus jefes, tus compañeros o sigues a la empresa en la que laboras, puede que seas catalogado como el mamón o posible sociópata. De hecho hay un estudio donde supuestamente las personas que no tienen perfil de Facebook son candidatos ideales a ser considerados psicópatas (seriously?).

4.- Todos corremos el riesgo de ser memes algún día y nunca sabremos quien nos hizo el favor de darnos fama involuntaria

5.- Y no. No vas a salvar al mundo dando likes ni compartiendo una mierda. ¡PERIOD!

Hasta KICK-ASS se parte la madre salvando a la ciudad. Si mucho deseas componer el mundo, despega ese grasiento y sudoroso trasero de la silla y sal a exigir tus derechos y a defender tus ideales.

Y por los clavos de Jesus Christ, los videos o fotografías de seres mutilados o torturados no ayudan en nada. Se los juro.

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