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Las ventajas de estar muerto.

Vivir. Ese verbo tan jodido, tan complejo y tan difícil. Pasas la vida satisfaciendo necesidades, a veces propias, a veces reales, a veces ajenas, a veces sembradas. Vivir implica una cadena: nacer, crecer, reproducirse y morir.

El nacimiento ya viene con drama incluido, risas, dolor, llanto, sangre, heridas, realidad, crisis existencial, reconocimiento del yo, y un infinito etcétera. Venga, que esto apenas comienza…

Crecer es aprender, obedecer, escalar, aumentar centímetros, formarse un criterio etc. Pero en este trayecto se marcan importantes diferencias entre un ser y otro, diferencias entre qué se aprende y cómo, a quién se obedece y por qué motivos, escalar sobre una montaña o una duna, a mi ritmo o en competencia, y aumentar centímetros puede ser a lo largo, a lo ancho, ambos, en proporción o desproporción, de tejido magro, o adiposo. Dado lo anterior, mi criterio discernirá del tuyo porque hemos sido pasajeros de diferentes circunstancias.

Reproducirse, no puede ser sin el fabuloso mecanismo, que en medida saludable, es un acto de placer para los participantes. Normalmente el acto es utilizado más para disfrute de los mismos, que para perpetuar la especie, y ante los índices de sobrepoblación mundial, me parece una medida acertada. Pero como se supone que debemos llenar el mundo de nuestros genes, de vez en cuando el preservativo no hace acto de presencia y viene otro ser, el cual se enfrentará al trauma del nacimiento en su propia existencia.

Y hasta aquí todo transcurre normal entre una vida y otra. Un testigo de Jehová y un hippie viven de la misma forma esta cadena. Uno aprendió sobre la Biblia y otro sobre como enrollar el papel de la Biblia. Uno sigue el mandato divino de poblar la Tierra con más prole toca-puertas y el otro el principio de hacer el amor y no la guerra. Sin embargo, ambos morirán. Sin importar de qué manera vivieron. Morirán según sus términos. Salvo algunos casos, muchas de las formas de morir, las elige el que va a morir, así que morir, puede ser un suicidio inconsciente de efecto retardado.

Morir. Puede ser rápido o lento, doloroso o imperceptible, pero lleva a lo mismo. En un principio, el cuerpo deja de funcionar, los fluidos siguen su curso sin impedimentos, desde lo más profundo de las entrañas comienza el proceso de descomposición y ahí, en el funeral para los afortunados, estarán los personajes que vieron de cerca tu existencia los últimos días de tu vida y los que no tenían ni la más remota intención de verte hasta que no estuvieras en una caja, con tu serena expresión de no volver a dar batalla y menos guerra. Los que sufren tu pérdida como si se les hubiese ido parte de sus propias vidas y los que no sienten absolutamente nada y están ahí ya sea por el protocolo o por la comida gratis. Están los que santifican todas tus acciones en vida y los que van a decirte lo mucho que esperaban este momento, intereses o rencores, es indistinto.

Pero las ventajas que tiene morir es que, como lo he mencionado antes, la mayoría puede elegir a la distancia acciones que le llevarán a la muere. No tienes que morir como te lo diga alguien, ni tienes que aprender a morir, no pasas la muerte intentando morir, porque… ya estarás muerto. Morir es un acto íntimo. Ni nacer es tan propio como morir. La muerte es tuya, nadie más te la puede arrebatar, ni es necesario que la compartas. No hay tendencias, no hay compañeros, no hay mentiras.

En vida hay oportunidad de coleccionar experiencias con todo aquel ser o cosa que se atraviese. Ya muertos, mucho depende de quien las recuerde y si fueron positivas o negativas. Para entonces, ya no importará el contexto, podrán decir de ti que eras un santo, que sin ti la vida de muchos estará incompleta y que el mundo necesita más seres como tú. O también que eras una aberración de ser humano y que alabada sea la naturaleza de lo que te hizo perecer. Pero ya no irás más allá de donde te encuentras. Algunos para los que el hecho de dejar de existir les parece intolerable, inventarán un infierno y un paraíso, e irás a parar a alguno por tus obras en vida. Cabe mencionar que nadie sabe con certeza su existencia, por lo que sufrir por las condiciones post mortem de tu alma, no es una experiencia digna de recordar.

Así que no importa el modo en que vivas, si sigues la cadena o no, si haces algo positivo o negativo por la humanidad, el planeta, el universo, si eres joven o viejo, negro, chino, blanco o mexicano…

Vas a morir. Todos vamos a morir.

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Estoy ligeramente picada con esta serie (Six feet under), donde todos los días hay un muerto.

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