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Los niños, los borrachos y los imbéciles siempre dicen la verdad.

Tengo un problema con la verdad desde toda la vida. Aunque pueda leerme toda existencial, si es problema muy gordo, no es que me la viva diciendo todo el tiempo verdades crudas, pero siempre he sido una creyente de que decir la verdad es lo correcto, lo liberador y lo que todo el mundo debería hacer.

WRONG!

Lo maravilloso de hacerse mayor es precisamente aprender a mentir. No hay nada más educativo que juntarnos con mentirosos y aprender bien de ellos, los mejores mentirosos son aquellos que parecen auténticos, y eso los hace superiores a cualquier estúpido idealista que cree que decir la verdad es la leche.

Podría decirse que las mujeres somos las mejores mentirosas, pero existimos casos perdidos, porque esa sangre que se sube a las mejillas y nos calienta el rostro o esa sonrisita tonta de pronto aparece y nos delatan. A veces es el enojo, a veces el peso de una gorda mentira que nos tumba en medio del mundo y nos estalla la cabeza, nos saca los ojos, hasta que la escupimos y entonces el mundo entero puede comerse a picotazos lo que nos quede de vísceras.

A veces es el alcohol quien que nos vuelve libros abiertos, nos vuelven el google de nuestro circo personal, ven y pregúntame lo que quieras después de unas caguamas o unos shots y tendrás suerte de conocer mi verdadero punto de vista al respecto de cualquier cosa que me indagues. Por que soy la peor mentirosa del mundo, lo cual me convierte en una imbécil sin remedio.

“La verdad os hará libres (Jn 8,32). Esta frase evangélica establece una estrecha relación entre la verdad y la libertad. El hombre es un ser inexorablemente moral por el carácter libre de su persona. Pero estar en la verdad es un requisito imprescindible para que la actuación humana sea verdaderamente libre.”

Ch*ng* a tu m*dr*, p*nch* Juan.

Según mis entendederas, lo que este sujeto expone en esa corta y jodida frase, es que somos libres de ir regando la verdad aunque nos caigan a palos. Vaya carácter mártir del cristianismo estableciendo que decir la verdad te hará libre, eres libre de que te partan toda tu progenitora y que te partas toda tu progenitora regando verdades por el mundo.

Tengo una sobrina de 6 años que casi no se le entiende que dice, pero lo que dice es certero cual flecha, justo donde te mata. Es la persona más transparente y sincera que conozco, y siempre la están regañando por decir la verdad. Contrario a ella, su hermano de 10 años es muy mentiroso, tanto que le apodan “Pinocho”. La única verdad que escuché de su boca, era que él mismo se reconocía como mentiroso y rollero.

Entonces ¿dónde se empieza a desarrollar el carácter de mentiroso? Porque ser mentiroso no sólo comprende el hecho de decir mentiras, sino sostenerlas y hacer que pasen como verdades. ¿De los 6 a los 10 años se aprende a mentir? ¿Hay mentirosos congénitos? ¿Hay sinceros congénitos? Si mentir es esencial para la subsistencia, ¿por qué a Pinocho lo reprendían y le crecía la nariz por decir mentiras? Ya pasado a ser un humano ¿Pinocho habrá vuelto a ser mentiroso, una vez que el hechizo de la nariz ya no hiciera efecto?

Mis puntos al respecto para finalizar esto de las mentiras y verdades:

  • Desde nuestra más tierna infancia, debemos aprender que decir la verdad siempre trae consecuencias desagradables, como un zape o una frase que te cataloga de incorrecto. Y decir mentiras también. De hecho, hay una ambigüedad al respecto. Pónganse de acuerdo adultos, luego quedamos confundidos para toda la vida.
  • El consumo de alcohol hace que las posibilidades de decir todo aquello que prefieres callar, termine en oídos erróneos en un porcentaje MUY alto. Así que si no sabes mentir, al menos aprende a controlar tu ritmo y cantidad de ingesta etílica. ¡EN SERIO!
  • El ser buen mentiroso no depende del género. En la guerra de sexos, siempre se dice que el sexo opuesto es un mentiroso, pero lo cierto es que eso es ¡MENTIRA!
  • La mentira más grande de las mujeres, es su arreglo personal (maquillaje, tintes, uñas y otros arreglos más complejos).
  • Nadie es más sincero que a la hora en que se despierta.
  • Y el más importante de todos: decir la verdad está sobrevalorado. Tampoco se trata de ser un mitómano, pero en serio, hay verdades que no se deben decir nunca, por muy estúpidas que sean (como estas que menciono aquí). Lo que nos define como adultos de buen colmillo, es precisamente ser un máster en el arte de la mentira, por eso las verdades se las dejamos sólo a los que nombro en el título, o sea niños, borrachos e imbéciles. La verdad no te hará libre, al contrario te hará presa de críticas y de quemones innecesarios.

 

¿Acaso nunca han visto Game of Thrones?

 

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