Urbanidades

Guía del buen provinciano

Si buscas una vida en la gran capirucha nacional y no quieres llevar la cruz de tu parroquia pueblerina estampada en la frente, esto es para ti.


provinciana

La gran capital, la capirucha nacional, el dfectuoso, la Ciudad de México, lugar que se abre caprichoso camino entre los kilómetros y los obstáculos, y nos deslumbra con su agradable clima de oportunidades. Pues porque es la capital de uno de los países más chingones del mundo, o sea México miamurrr ❤ (y no, no acepto quejas de mierda política aquí).

Tú, si tú, mi querido lector, probablemente no vives en el ombligo del país y si lo haces, entonces te será muy fácil identificar a un provinciano. Porque los provincianos hacemos cosas de provincianos que nos dejan en evidencia. Así que, mis estimados co-provincianos una vez que dejen la tierra que los vio nacer por la que los hará crecer (profesionalmente, mentalmente o a los lados) hay que hacerlo bien.

1.-Allá en tu rancho, pueblo o ciudad en vías de progreso de donde planeas huír, está terminantemente prohibido hacer alborotos de despedida.

¿Cómo pa’ que? Si ya sabemos que la única que te va a extrañar es tu mamá. Aparte que no es como que te vayas al otro lado del charco, ni que una vez pisando tierras chilangas (perdón, defeñas*) automáticamente te conviertas en Don Draper (o cualquier otro personaje real o de ficción que sea objeto de tu mame). Todo eso sin mencionar, que en el peor de los casos, tus planes no resulten y tengas que regresar a la tierra de la que renegaste.

2.-No abuses del social media.

Al resto de los desgraciados provincianos que vivimos en nuestro cerro calzando huaraches, ya nos ha quedado claro que tu eres un conquistador y un líder, por eso elegiste la Ciudad de México como tu nueva residencia, con 10 posts diarios en Facebook que narran tu día a día, check-in en los lugares fetiche de todo provinciano (el reino Roma-Condesa) y 30 fotos diarias de cosas que generalmente ningún defeño toma en cuenta.

No hay cosa que grite más “soy un provinciano” que saturar Instagram con fotos del metro, el zócalo, el Ángel de la Independencia (*inserte aquí todo aquel monumento emblemático defeño que se le venga en mente), la Torre Latinoamericana, etc. Un provinciano viene a parecer más un turista establecido, que un habitante promedio.

3.-El acento marcado de tu pueblo no es de ganadores.

Una vez llegado a la chinampa urbana que es el DF, olvídate de tu acento, tus regionalismos de pueblo, olvida todo lo que sabes de comunicación verbal y ponte muy atento. Un provinciano no sólo se ve, también se huele y se escucha. A partir de ahora, sino es que antes de tu llegada, tu tarea es escuchar a Café Tacvba, ver películas de ficheras, y todo tipo de material audiovisual que te sirva de referencia sobre la comunicación coloquial capitalina.

4.- Recuerda que siempre serás provinciano.

Porque los defeños lo saben, porque tus co-provincianos lo saben y porque tú lo sabes. No importa si te la pasas bebiendo en las pulquerías más populares o si paseas por Tepito como si fuera tu segundo hogar. En el fondo de tu corazón siempre albergarás el amor por tu rancho, aun si a este no llegara la señal de Telcel, y será tu alivio para cuando quieras salir corriendo del DF aunque sea un fin de semana a respirar la paz y tranquilidad que sólo la provincia puede dar.

Bonus: Recuerda que los defeños aborrecen a los provincianos, así que ¡OJO DE TIGRE! y no dejes que te imponga la hostilidad de una ciudad tan grande.

*En provincia a los habitantes del Distrito Federal les decimos ‘chilangos’, vale madre si está bien dicho o no.

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