Ciencias informales, Pop

Síndrome Brayan

Síndrome Brayan: Aquel donde una persona bautiza a sus vástagos con nombres que no tienen ningún tipo de coherencia cultural o idiomática con los apellidos del mismo y que en algunos casos el o los nombres terminan siendo alterados de su forma original al desconocer el origen de este.


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El Síndrome Brayan es algo que no debe ser tomado a la ligera, amigos. Es un mal de nuestros tiempos y la detección oportuna de éste (¡antes de tocar un registro civil!) le podrá ahorrar a la persona a asentar, el disgusto de tener un nombre que no irá con su estilo de vida u origen.

Para plantear más claramente este mal, pensemos en lo siguiente:

Tu nombre es tu marca. Si tienes un nombre de alto impacto, creas alto impacto. Si es más bien algo común, lo refuerzas con un apócope creativo o te encargas de que tu nombre vaya más allá de lo común de su naturaleza. Uno nunca sabe hasta dónde puede llegar una persona, no importa de donde provenga. Por lo cual, un director de escuela que se llame Kevin William Pérez, pues… no.

Jenifer, Yesica, Kimberli, Emili, Brayan, Kevin, Karen, Yostin, Brandon, Dayana, Yovani, Leidi Diana, Wendi, entre otros, son nombres de los más populares para cambiar a conveniencia (y para joderle la vida al pobre samaritano que se llame así) sólo “porque se oye mamalón y me vale madre aprender inglés, a la chingada, lo escribo como lo oigo y que se joda el del registro civil y mi retoño. Soy naco y chido, perros”. Ojalá quedara ahí, en llamarse Kimberli Hernández Pérez. Pero ¡NO! ¡Hagámoslo más versátil! Que la niña se llame Jaimie María, o Katherine Guadalupe… López Martínez.

El bullying para los gordos desaparece al momento en que estos pierden peso, pero el bullying por un nombre jodido, perdura para toda la vida. Así que hagámosle un favor a la humanidad y erradiquemos el Síndrome Brayan siguiendo estos sencillos pasos:

  • Antes de elegir un nombre, analice los apellidos del futuro dueño de un acta de nacimiento. Investigue el origen de éste y a partir de los resultados, emprenda la búsqueda de nombres.
  • No ponga nombres sólo porque es fan de alguien. Que bien que sea fan de Wisin&Yandel, pero por favor, no. Evítenos la pena de tragarnos las carcajadas al escuchar Yandel de Jesús Gómez.
  • Apele a La Bíblia o al Santoral. Nuestros virtuosos antepasados fueron bautizados gracias al uso de este recurso y la tendencia de nuestros días (dato tomado de Álvaro Gordoa) es dar nombres “de abuelos” a los encargados de perpetuar el apellido.

Bonus: Recuerde que más vale tener un nombre común y corriente, o raro, y darle un giro célebre, que tener un nombre que sólo traiga a nuestra mente la palabra “naco”.

Comparta este material a todo aquel bicho, ser o cosa con tendencia al mal gusto y salve a un ser humano de ser víctima de sus propios progenitores. 

Poner nombres de mal gusto, debería considerarse una agresión a los derechos humanos.

Esta entrada debería estar en la Constitución.

1 comentario en “Síndrome Brayan”

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