Ciencias informales

Cuando la condición de chavorruco se asoma…

Queridos lectores, es momento de reconocer que a todos nos llega la hora de emprender el hostil proceso de oxidación físicosociocultural, y darnos cuenta de que hace rato ya no tenemos 16.


adalRamones
El chavorruco ‘wannabe cool’ por excelencia.

La semana pasada sucedieron dos acontecimientos que me dejaron pensando y recordando muchas cosas: los Backstreet boys dieron una serie de conciertos en la Ciudad de México y la gira de Kabah & OV7 pisó tierras jarochas; entonces me vi en retrospectiva y pensé “carajo, estoy vieja”.

Pero no, no digo que envejecer sea malo, sino que aun cuando yo me siento en plena flor de juventud, resulta que ya no estoy en mi primer hervor y que mis hits de infancia ya son para un público crecidito. Las chavas de hoy ya no babean por Nick Carter, sino por Zayn Malik, o algún otro puñetas de moda.

Hoy, tengo 24 años. No son tantos ni tan pocos, pero si suficientes para reconocer que muchas cosas han cambiado. Lo noto en el día a día, en lo que me rodea, en los nuevos hábitos que he adoptado, en lo que mi cuerpo ya no resiste como antes y en el polvo que cubre los recuerdos que pensaba eran menos lejanos.

Entonces, es cuando percibo que la condición de chavorruco se empieza a sentir cada vez más cerca y lo puedo detectar por los fenómenos siguientes:

  • Tu edad mental se remite a los años más divertidos que recuerdas.
  • Crees que sigues en onda y que tu onda es muy buena onda.
  • Ir a los antros y ver a una nube de mocosos poniéndose ebrios, te da risa.
  • Sentir que todo “en mis tiempos era mejor”.
  • Decir la frase “en mis tiempos…”.
  • Hablar de forma aseñorada sobre “estas generaciones”.
  • Detectar las grandes diferencias y cambios que ha experimentado la sociedad desde que existes.
  • Descubrir que poco a poco le vas dando mayor razón a todo lo que tus padres te habían dicho antes y que odiabas escuchar.
  • Hallar con sorpresa el hecho de que cada vez te pareces más a alguno de ellos.
  • Pensar en el futuro y no como un ente de idealización, si no de algo inevitable que hay que enfrentar si o si.
  • Toda clase de achaques físicos.
  • Preocuparse por la salud, responsabilidades, etc.

Y una vez detectado todo esto, existen dos tipos de chavorrucos:

  • Los que admiten que esto está sucediendo y lo enfrentan de la mejor manera.
  • Los que se aferran al ‘forever young way of life’ y a pesar de verse ridículos actuando como adolescentes perpetuos, les vale. YOLOSWAG, bitch.

El proceso de madurez es algo emocionante, lo vivimos desde que somos niños y vernos chimuelos era lo más padre del mundo, porque eso quería decir que ya éramos más grandes. Tomemos ese dolor crónico de espalda, las líneas de expresión, las canitas discretas y los hits pasados de moda como nuestros dientes de leche a los veintitantos, y sumerjámonos de lleno en la grandiosa vida adulta.


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