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Amélie, eres una demente con mucha suerte.

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¿Alguna vez alguien se habrá puesto a pensar que Amélie es en realidad una mente criminal?

La primera vez que vi esta película quedé fascinada. Para empezar la historia es el sueño idealista de toda vieja en sus años mozos, hallar al tipo raro que complemente su vida, como la mantequilla al pan. Se desarrolla en París, tiene un soundtrack que te mueres y además los personajes secundarios son como todos tus conocidos: la vieja sabia, el obsesivo, la golfa, el hijo de puta, la chismosa, tal cual como los que conoces de tu vida diaria, lo cual le confiere el encanto de lo habitual y lo simple.

Al igual que Amélie y la mayoría de las chicas modernillas que vimos esta película, por mucho tiempo tuve esa ilusión boba de encontrar al rarito de mi propia película con el que cual podría ver al mundo arder. Nunca apareció o por lo menos sigue ausente. Pero vamos, Amélie no sólo esperó, tuvo suerte y fue por ello. Sin embargo aquí el punto no es qué hizo, sino cómo lo hizo y eso es lo que me ha hecho llegar a la conclusión de que Amélie, es una demente.

ALERTA: Si no has visto la película… me vale queso.

Amélie es una chica solitaria con muchas ideas retorcidas sobre el mundo y desde pequeña sabe que una de sus mejores armas, es el bajo perfil con el que se presenta ante todos. Lo típico, silenciosa, con cara de eterna chaqueta mental y un estilo diferente al resto. Crece sin interactuar con coetáneos y sus padres son una pareja de neuróticos emocionalmente distantes.

Posee habilidades que simplemente la convierten en un arma: es increíblemente paciente, es totalmente comprometida a sus causas, tiene mucha imaginación y es muy sigilosa, aunque por supuesto, la sociedad en esa historia no es tan paranoica como lo sería en el 2015, donde si alguien pregunta por el paradero, origen u otro tipo de datos personales sobre desconocidos, inmediatamente preguntaríamos “¿Para qué los necesitas?”, con el escaneo de microgestos correspondiente.

Cuando por fin encuentra al dueño del pequeño tesoro hallado en la pared de su departamento, sabe que tiene algo que los demás no, además de un ideal por ayudar a los desfavorecidos. Entonces es cuando Nino se cruza en su camino y todos los focos de alerta se encienden, de nuevo ha encontrado un tesoro y saberlo todo sobre él, se convierte en su nueva meta, sólo que esta vez no busca la felicidad ajena, sino la propia.

Tiene tanta buena suerte, que ahora posee la llave al desconocido mundo de su objeto de deseo, una pista sobre su propio encanto y la manera de encontrarlo. Esto no tendría el menor problema sino fuera porque no sólo le quiere entregar su álbum extraviado, también busca saciar su sed de curiosidad y obsesión. No basta con entregarle el álbum, tiene que hacerle llegar una intrigante invitación a su universo, pues de algún modo ella cree que ese click instantáneo no es mera casualidad.

Cualquier otro hombre en sus cinco sentidos, a la primera hubiera preferido que se quedara con el álbum y no volviera jamás, pero la suerte de Amélie es tanta, que Nino decide entrar al juego. No le provoca pánico saber que hay una mujer misteriosa tratando de averiguar quién es él, al contrario, le da curiosidad. De haber sido otro sujeto, quizás las cosas no hubieran salido de la misma forma y la historia sería una más en las filas del cine para almas podridas y corazones rotos.

Al final, terminan encontrándose en una de las escenas más cursis del universo, aparentemente de pronto dejan la soledad a un lado y viven su idílica locura de amor, como sólo en las películas francesas, con filtros cálidos, café y scooters. Pero eso no sólo sucedió así como así, oh no…

Primero, Nino pone afiches de recompensa a quien devuelva el famoso álbum, Amélie lo ve y luego de pensárselo mucho, llama y descubre que trabaja en un lugar muy kinky, lo que le lleva a pensar que quizás es un orangután promedio. Es cuando decide ir y dárselo, no sin antes pedir sutilmente más detalles sobre su vida.

Cuando descubre que al final Nino no es un pervertido que se gana la vida jalándosela, su potencial locura aumenta a niveles estratosféricos y empieza su juego. Recados, pistas, acertijos hasta que por fin logra tenerlo cerca. Pero sus habilidades sociales son tan precarias, que no tiene la menor idea de cómo manejar una situación de estrés romántico. El mismo que provoca derretimiento de las manos y el cerebro.

Pasa el tiempo, señales, pistas y consejos sabios hasta que por fin se hallan juntos, como lo mencioné hace tres párrafos. Sostengo que la historia es de un par de dementes por lo que voy a señalar a continuación:

  • ¿Qué persona en su sano juicio se sentiría atraída por la intriga de un desconocido dejando pistas entre sus cosas?
  • Aunque a veces para poder entablar una conversación con alguien que nos gusta, se requiere de un kilo de huevos, es menos complicado que traerle dando vueltas y menos si no sabemos si nos va a batear.
  • No es romántico el asedio. Lo siento, pero si el stalkeo por Facebook ya se considera de mentes enfermas, en la vida real es un poco más espeluznante.
  • ¿WTF con Amélie cuando está observando a detalle y en slow motion cada uno de los movimientos de Nino en Los Dos Molinos?
  • Amélie es una chica muy aburrida que se divierte buscándole solución a los problemas o inventando problemas para darles una solución.
  • En toda la película, sólo hay una persona más sigilosa, con el perfil más bajo, más sabia y más inteligente que Amélie: Raymond, “El hombre el cristal”.
  • Nino es un hombre enteramente manipulable, pues cayó redondito y sin chistar en la telaraña de Amélie.

Amélie nos demuestra que, como dice el viejo adagio: “Nunca falta un roto para un descosido”, pues los dementes también se enamoran y a veces, con mucha suerte, se encuentran en la estación del tren, comparten escenarios imaginarios y terminan conquistando el corazón y las ilusiones de toda veinteañera solitaria, cuya relación más estable es con un litro de helado y una caja de chocolates belgas.


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