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“¿A poco las mujeres ven porno?”

asientoPorno

Esa fue la pregunta que una vez alguien lanzó al aire en un entorno unisex, la cual  fue respondida descaradamente por un 60% de las féminas presentes con un: “Pues obvio wey, ¿qué tiene?”. El 40% restante sólo rió tímidamente mostrándose al descubierto.

Es sorprendente que a estas alturas, algunos hombres piensen que las mujeres no vemos porno. Ok, entiendo que desde que existe, su principal público es el masculino y para esa mayoría, están hechas esas tramas tan pinches y al grano, pero les tengo noticias: Todas vemos o hemos visto porno, que no siempre se admita públicamente, es diferente. Digo, tampoco es un tema para empezar una conversación en navidad, por ejemplo.

Mi experiencia con el porno es rara. La primera vez que tuve contacto con material de este tipo, tenía 9 años y fue gracias a una confusión de VHS. La escena, el insert de un trasero masculino moviéndose hacia adelante y hacia atrás enérgicamente, con las piernas de una mujer sobre sus hombros. Esos pocos segundos de sexo explícito, me dejaron perpleja y con una sensación de suciedad que no se me quitó en un buen rato, es más, no quería ni tocar la casetera.

Con los años, las cosas cambian por mucho. Al entrar en la pubertad, estaba segura de que yo sería de esas personas que ven pornografía por afición, así que de cierta forma estaba algo preocupada sobre dónde guardaría ese material, pues al ser criada bajo las más estrictas normas católicas y ser considerada una señorita ‘de bien’, tener material XXX dando vueltas por ahí no era una opción viable.

Afortunadamente mi etapa primaria de aficionada al porno, llegó de la mano con el internet, el cual ya era un must en todos los hogares que se jactaran de civilizados y modernos. Así que sólo tenía que esperar el momento exacto y rogar que la maldita página no dejara rastros, y de ser así, como niña de bien que era, sólo tenía que echarle la culpa a mi hermano, porque obvio, “las mujeres no vemos porno“, y menos a los 13 años.

Nunca hablé con nadie sobre ello. Ni con mis mejores amigas, pues de cierta forma, me sentía precoz. No era de esas chicas que descubrían las novedades que trae consigo la revolución hormonal de la adolescencia en contacto con otros seres humanos, pues también era para mi, una etapa de enorme misantropía, por lo que en ese entonces, siempre me pareció un mejor plan una computadora con internet que interactuar con un chico idiota dueño de un tristísimo bigote chocomilero.

Tampoco crean que todo era ver porno, también socializaba y nerdeaba mucho, leyendo sobre cualquier cosa después de la página 3 de Google. Leyendo aquí, probando allá y tomando ‘tutoriales’, es como he ido descubriendo con singular alegría lo que me gusta. No es necesario entrar en detalles, toda persona que consuma porno sabe a qué me refiero. Tú sabes a qué me refiero.

La primera vez que hablé de pornografía abiertamente fue a los 18, en una de esas charlas aleatorias que sólo surgen en el medio tiempo que hay entre clases, ya en la universidad. En un grupo donde el 80% estaba formado por mujeres, era fácil entrar en confianza, pues siempre hablar de sexo abiertamente siendo mujer, te pone en la mira de los buitres sexuales que interpretan erróneamente la seguridad con el ofrecimiento.

Entonces, mis compañeras y yo empezamos a hablar sobre qué géneros nos gustaban. Amateur, lesbianas, BDSM, orgías, masturbación, rudo, vintage, etc. Todo el menú desplegable de las páginas porno, pronunciado en voz alta, por un grupo de mujeres que sabían qué pedo con esto. Quizás en la mente masculina, la imagen de la chica que mira porno sea la de una chava ultra caliente que se sienta frente a la webcam con un dildo enorme y que se quiere tirar al primero que pase frente a ella, pero no.

Hablar de porno, es forzosamente hablar de masturbación. Una cosa lleva a la otra, pues no he conocido jamás a alguien, hombre o mujer que le vea con fines antropológicos. Sorpresivamente, manteniendo esta clase de diálogos, descubrí que hay mujeres que nunca se masturban, y que prefieren tener un compañero sexual con quien ‘desahogarse’. Es una postura respetable, aunque considero que de cierta forma es un poco limitante.

Entre los múltiples descubrimientos que he cosechado desde que tengo uso del internet, de la comunicación sin pelos en la lengua y del pensamiento, hallo lo siguiente:

  • El comportamiento masculino ante este hecho, tiene dos polos: El de ver a una consumidora de porno como una posibilidad de cópula o el de sentirse intimidado. Estoy segura que hay quien tiene una opinión en el punto medio, pero no me he topado con ese sector.
  • La consumidora de pornografía puede ser la más descarada o la más tímida de tu círculo social. Su comportamiento general no determina sus aficiones. Así que tu amiga, la que se sabe el rosario de memoria y tu amiga la borracha, puede que compartan un gustillo particular por el porno rudo.
  • Si tú como chica sabes más de porno que un chico, te va a considerar una degenerada, para lo cual tú le debes considerar una amiga más, de esas que no se masturban.
  • En cuanto al punto anterior, un hombre que no mire porno, generalmente tiene muy poca imaginación en terrenos carnales. Bien o mal, el papel de pseudotutorial que tiene la pornografía, activa al pornstar wannabe que todos llevamos dentro y pues la verdad, ponerle con un monigote sin ganas de intentar cosas nuevas, no está padre.
  • Sin embargo, no deja de ser ficción. El porno es tan ficticio como los romances tipo Diario de una pasión. Y es tan aspiracional, como los romances tipo Diario de una pasión.
  • Todo lo que quieras hacer que hayas visto en una porno, requiere de mucho entrenamiento. Los actores y actrices porno llevan años cogiendo como atletas, no son simples amantes que decidieron grabarse de un día para otro. Son profesionales de la interpretación erótica y sexual, conocen su cuerpo tan bien, que pueden hacer ver de forma realista algo que a ti y a mi nos tomaría una vida poder hacer bien sin arriesgar nuestra integridad.
  • No te obsesiones, como comenté es ficción, por lo tanto, esos cuerpos impecables y cogidas sin pedos vaginales, pelos, barros, celulitis y penes perpetuamente erectos, son cosas que sólo en las porno podrás ver. En la vida real, el sexo tiene más texturas, colores y sobre todo sabores.
  • El porno JAMÁS podrá sustituir el sexo con alguien de carne y hueso. Al final, el porno es sólo material teórico, no práctico, por lo que nunca podrá emular ni de cerca la experiencia carnal ni la enorme cantidad de sensaciones y/o sentimientos que puedes llegar a experimentar con un amante real.
  • Consume porno, pero no permitas que el porno te consuma a ti, como en todo, el exceso es malo, especialmente si se pierde la distinción entre ficción y realidad.
  • Di orgullosamente que ves porno, pues hasta la señora más recatada en la primer fila de la iglesia, interpretó muchas pornos, ya que a diferencia de la Virgen María, sus ocho hijos no vinieron del cielo. El que se vino fue otro…

Disfruta de todo el porno que quieras mientras tengas electricidad y conexión a internet y si algún hombre incrédulo te pregunta “¿A poco las mujeres ven porno?“, responde: “Sí, a mí también me llegan las manos hasta la entrepierna y el deseo hasta el infinito”.


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Modern Fairy TalesLSDelfina

 

4 comentarios en ““¿A poco las mujeres ven porno?””

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