Buenas costumbres, Ciencias informales, Cultura, Gente loca, Salud pública, Uncategorized

Yo, humano.

fight_club

Humanos. Esa especie que se encuentra tan cerca de las impresoras 3D, los robots sexuales y el NWO, pero tan lejos de erradicar su yo primitivo. Aun nos enfermamos de cosas asquerosas que nos hacen batirnos en nuestra propia inmundicia y todavía hervimos en cólera cual cavernícola emitiendo sonidos guturales cuando algo o alguien osa interrumpir nuestra frágil paz mental. Quizás para los ricos, la paz mental signifique viajes a destinos paradisiacos, clases de yoga y masajes cada tercer día, pero para el clasemediero promedio, significa que no te la hagan de a pedo por nimiedades y que las cosas fluyan lo menos accidentadas posibles, aunque resulte utópico.

Dentro de mi rutina me topo con cientos de personas, incluso cuando se supone no debería tener contacto con otros seres humanos, como en la última semana en la que una enfermedad propia de infantes decidió atacarme con toda su furia, motivo por el cual terminé en el impopular IMSS. Cuando pensé que lidiar con las personas del urbano y el ascensor ya era lo suficientemente malo, de pronto aparece la sala de espera de urgencias en la clínica que me corresponde. Entonces conocí lo que es una horda enardecida, a la cual no fui ajena, pues también estuve a poco de arrancarle los ojos a la recepcionista, que no brilla por tener la mejor actitud.

Así que por muchos adelantos tecnológicos que vengan a facilitarnos la vida, lo cierto es que siempre hemos de necesitar un “back to basics“. Es imprescindible, en todo. Es algo a lo que trato de volver siempre que tengo oportunidad. Hacer matemáticas con lápiz y papel u operaciones mentales simples, escribir a mano, recordar números telefónicos, caminar y/o subir escaleras, etc. Sin embargo hay un básico en la canasta que todo el mundo trata de erradicar, intentando convencer a las masas de que su existencia impide el sano desarrollo de las sociedades, que su presencia en nuestra personalidad nos traerá únicamente cosas negativas, etc. Bullshit.

¿De qué hablo? De la violencia. Mi amada violencia, esa maldita perra que vive en nosotros, frustrada porque no la dejamos ser, por eso nos recuerda en el peor de los momentos que existe y que es nuestro deber sacarla a divertirse de vez en cuando, sin la necesidad de dañar a nadie. Lo malo de la violencia es que si no la  drenas de tu vida, se acumula y explota cuando las cosas se ponen intensas alrededor y lo único que puedo hacer, es encerrarme a llorar cuando tengo ganas de deshacerme los puños golpeando a alguien. Esto no es un confesionario de mis deseos por agredir físicamente a las personas, para nada, de hecho jamás me he agarrado a golpes con nadie.

La violencia. Venimos a este mundo por medio de mucha violencia. El golpeteo repetitivo de dos cuerpos unidos para la concepción, eso es violencia. El dolor, sangre y gritos durante el alumbramiento, eso también es violencia. Masticarle los pezones a nuestra madre hasta sangrar durante la lactancia, violencia. Y así sucesivamente, peleas territoriales con nuestros hermanos, bullying, castigos, raspones, madrizas, cejas abiertas, gritos, drama, objetos rotos, clases de karate, defensa personal, codazos en el urbano, conciertos, dolor, drama, sexo duro, etc. Está en nuestro ADN, sin violencia no existiríamos, por eso yo le digo sí a la violencia.

Pero no a cualquier tipo de violencia, sino a la violencia amistosa, consensuada, en la que te mueles a golpes con alguien sólo porque necesitas descargar la ira acumulada de lunes a viernes. Recuerdo mucho a una amiga de la infancia con la cual practicaba violencia amistosa. Eramos un par de niñas de 10 años que jugaban simplemente a cachetearse. Cachetada limpia, sin freno, de la que arde bien sabroso, jalón de greñas, pulseras rotas, cuentas esparcidas por el piso, violencia consensuada. ¿Por qué lo hacíamos? No lo sé, pero era divertido, al final del día, después de unas pulseras menos y unos cuantos rasguños en la cara, nos íbamos por unos Tampicos congelados como si nada hubiera pasado, seguíamos siendo amigas y jamás ninguna salió a acusar a la otra, a pesar de que nuestros compañeritos de clase nos miraban con cara de “pinches viejas locas”.

Esta sociedad necesita más Fight Clubs y menos bares. La verdad es que mucha gente elige ponerse peda para sacar sus frustraciones, o sea eligen intoxicarse para olvidar que ya están intoxicados. Clubes de pelea amistosa, sin técnicas, sin odio, violencia pura y dura enfrentándose a capella sólo porque es necesario encarar a esa realidad que nos acompaña desde el primer instante de nuestras vidas. En la tormenta, el mar choca contra las rocas porque así tiene que ser, en su naturaleza habita la violencia, sin odio, pues al terminar, siguen siendo roca y mar, acariciándose por siempre.

¡Hagamos el amor y no la guerra, saquemos la ira acumulada y tendremos una vida más ligera!


Si te gustó la entrada, te invito a que la compartas y te unas a mis redes sociales.

Modern Fairy TalesLSDelfina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s