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I’ll wait for you there, alone…

chriscornell1

Jueves 18 de mayo de 2017. Monterrey amanece nublado, y en mis ojos hay lluvia después de leer que Chris Cornell había muerto el miércoles por la noche. Shock total. Casi se me va el urbano porque no tenía la cabeza en este planeta. Y de pronto todos los recuerdos se dispararon y el llanto no se hizo esperar. Lo bueno es que aquí a nadie le importa.

Chris Cornell para mi significó compañía, inspiración y deseo. La primera vez que lo vi fue en el video de Cochise, a finales del 2002, pero supe su nombre leyendo una Rolling Stone de diciembre de ese mismo año, donde sale Kurt Cobain en portada como “El  último maldito”. Pero fue cuando escuché Like a Stone que me rendí. El video, la canción y esos melancólicos ojos azules me atraparon por completo.

Así que con el dinero de mi beca me compré el primer disco de Audioslave. Además, por esos días MTV latino cumplía 10 años y los celebraba pasando éxitos de los 90s-2000s, que por supuesto incluía muchas canciones de Soundgarden, Temple of the dog, Chris Cornell en solista y más gemas del grunge. Así que mi adicción a su voz y a sus ojos estaba más que satisfecha.

Era la persona más impopular del mundo por haber llevado orgullosamente mi CD de Audioslave a la primaria para el festival del día del niño, cuando mis compañeras querían poner a la Factoría. Al único que le pareció buena idea fue al maestro, pero ante la insistencia, como a la cuarta canción lo quitaron. Desde luego, hoy en día son madres luchonas y yo una viuda no oficial de Christopher John Boyle.

Supe su nombre completo cuando tuve que hacer las tareas de inglés en la secundaria. Si había que hacer una biografía, la suya era la primera que me interesaba, muy por encima de Anahí o Paris Hilton, que eran las favoritas porque estaban de moda. El sentimiento de su interpretación picaba mi curiosidad y ello me acercó por primera vez a un diccionario de inglés-español para poder comprender sus canciones, porque tenía que saber qué era lo que le provocaba ese feeling tan intenso.

Y fue por él que supe el tipo de hombre que me gustaría. Él definió ese estereotipo en mi cabeza y en mis pantaletas. Mi papá lo odiaba porque mi obsesión por escucharlo todo el tiempo era más que evidente. Y por verlo también, porque el forro de mis libretas incluían su torso desnudo y cabellera al aire como decorativos, así como el wallpaper de la computadora, y el avatar en MSN.

Chris Cornell me marcó. Y lo marqué en mí, porque en esos años en los que el filo contra mi piel eran adicción “CC” es una de las heridas de las que nunca me arrepentí y aun puede verse discretamente en mi brazo, recordándome quien fue mi única compañía en esos días donde estaba sola y algo perdida. Un poco similar a como me encuentro ahora.

Muchas cosas han pasado desde que conocí a Chris Cornell y a todo su arte, pero su melancolía nunca se fue. Ni de él, ni de su arte ni de mi vida. La mayoría de quienes me conocen saben lo importante que fue para mi en la adolescencia y por supuesto, esos primeros ídolos nunca se olvidan. Los mensajes hoy no se hicieron esperar. Incluso en la oficina se escucha Soundgarden de fondo, e impresiones sobre las malas noticias han sido compartidas. Es un throw back thrusday muy triste el día de hoy.

Gracias por toda la creatividad Chris, gracias por haberme hecho tan feliz.

Ahora eres eterno.

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