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12:51

Siempre es la misma hora. Siempre me pregunto por qué.

No tengo sueño, mañana me levanto temprano y sé lo mucho que me costará, pero por el momento, mi cuerpo no pide descanso. Permanezco frente a la computadora, a la vez que del ventilador, inerte, con la mirada fija y los ojos secos viendo un punto en la nada que me baña con luz azul.

Y entonces empiezo a escribir. Intentando darle sentido a un momento absurdo, lleno de nada, sin mucho que hacer, lo suficientemente tarde como para empezar a ver otra película, pero no tanto como para no pensar y repensar. Ese es mi deporte favorito, y ese sí se puede practicar sin daños físicos después de la media noche.

Me aburrí de buscar significados místicos a las cosas que me pasan. Quizás al final, todo es producto de un flujo constante y no el resultado ni el motivo de ningún enlace superior a nada. Quizás no soy tan grande como pensaba, mucho menos soy tan minúscula. Solo soy, solo estoy. Así, sin más que añadir. Sin nadie más en la ecuación.

Tendré que rodar en la cama, frente al ventilador, junto a la ventana, esperando que en algún momento, mi cuerpo reclame descanso en un horario prudente. Buscaré cosas absurdas de las cuales reírme, intentaré leer ese libro que me regalaron y que me hace enojar porque lo odio, no por sí mismo, sino por el motivo de tenerlo. Recordaré la vida que tenía, pensaré en lo que no tengo todavía…

Y así me dio la 1:05 am. de un lunes en que acepto mis circunstancias.

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