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Rataliever

Captura

La culpa de que me obsesionara hace unos años con adoptar ratas, es chefsito. Sí, Remy, la rata chef de Ratatouille. De por sí yo siempre he sido de esas que llaman “animaleras” y la verdad, incluso antes de Remy, ya sentía pena cada vez que en casa mataban a un ratón o a una rata, incluso estando en la prensa los acariciaba y me preguntaba por qué un bichito con el pelaje tan suave y con una cara tan mona merecía morir con la cabeza hecha puré.

En casa de mis padres, dado mi apego por los animales -y por ende, limpiar sus heces-obviamente hubo de toda clase de animales, perros de diferentes razas, gatos de todos los tamaños, conejos, pollos, pericos, etc. pero jamás roedores (al menos no como mascota). Digamos, animales de caza y animales presa no combinan, además que el solo decir “rata” dibuja en la mente de las personas a un bicho gris, sucio y aberrante, personas como mi madre, desde luego. Así que dejé pasar la idea.

Cuando me cambié de ciudad, además de otros muchos vacíos, sentí el vacío de mascota. Estoy acostumbrada desde toda la vida a tener animales, así que no tener al alcance a algún peludo, me convirtió en una especie de Dr. Dolittle andante, pues no hay perro callejero o gato que me tope con el cual no empiece una charla. En serio, me hago la mejor amiga de cuadra de animales de la calle. Sin embargo un día vi en Facebook que estaban dando una pareja de ratitas Wistar en adopción. Pensé que mis ganas por adoptar ratas se había esfumado y aunque analicé los posibles contras (como mi nulo conocimiento en ratas mascota) me hizo mucha ilusión y terminé adoptando al par.

Leí bastante sobre ratas y hasta me suscribí a un canal en YouTube buenísimo sobre ratas y roedores, pero lo cierto es que no tenía la menor puñetera idea de cómo educarlas. Ambas habían sido rescatadas de un laboratorio, por lo que su vida previa a ser mis mascotas no había sido de lo más amable y se notaba. No tenían nada que ver con las ratas que juegan y hacen trucos, al contrario, eran demasiado ariscas y a la menor provocación mordían, y una mordida de rata es muy escandalosa por lo profundo que clavan los dientes y la cantidad de sangre que sale. Y desde luego no me hacen omelette por las mañanas. Les tomé miedo y aunque las sacaba de la jaula para que corrieran libres por mi habitación y las alimentaba, prefería tomar distancia.

Fue hasta que Jon Doe puso, literalmente, manos a la obra, que el proceso de mascotización empezó. Siempre que iba a la casa se quedaba observando con curiosidad casi infantil a las ratas con nombres improvisados. Las sacamos a merodear un par de veces y meterlas de nuevo a la jaula era un pedo, tipo corretearlas por todos los rincones y acabar bofeados. Un buen día, Jon compró unos guantes de electricista e intentó agarrarlas, pero chillaban tanto que terminamos peleados porque yo me ponía súper nerviosa de escuchar los chillidos. En serio, chillan HORRIBLE y realmente solo las quería agarrar, con mucho cuidado para no lastimarlas.

Después de muchas mordidas y peleas, finalmente la Gordis cedió. Tomó un poco más para que la Flaca se dejara tocar sin morder y sin llorar. El momento más hermoso de todos, después de mucha frustración y sangre, fue ver que la Flaca se dejó arrullar en mis brazos y castañueleaba los dientes de lo cómoda que estaba. En verdad fue bello. Pasaron 5 meses desde que las adopté para que ese momento llegara y estuve a punto de llorar de la emoción. Al tenerla en mis brazos, tan en paz, pensé en todo lo que pudo haber pasado en su corta vida y como eso la llevó a atacarnos varias veces, a pesar de que lo único que queríamos era demostrarle amor y cariño, porque evidentemente le hacía mucha falta.

Hoy en día, el proceso de mascotización continúa. Ya se dejan acariciar, alimentar en la boca y hasta bañar, pero todavía huyen y no se acercan voluntariamente. Hace unos días estuve muy enferma; cuando me terminé la receta y me sentí mejor, agradecí a la ciencia la existencia de esos medicamentos, pero también me sentí horrible porque muchas de esas medicinas, salen a la luz después de exhaustivas pruebas en animales, los cuales, lastimosamente en un laboratorio no son animales, son simples organismos vivos en los cuales se puede experimentar sin temor a nada, pues no tienen derechos. Los roedores de laboratorio, o mejor dicho los roedores con cola, están muy por debajo de cualquier otro mamífero que pudiera llegar a ser mascota. Y es una pena, porque son animales tan, pero tan inteligentes.

La esperanza de vida de una rata, no es mayor a 3 años. Son pequeños seres muy leales, limpios e inteligentes, además que son muy sociables. Mis Tutis puede que no me hagan omelette en las mañanas y quizás ni siquiera me tienen cariño, pero haberles dado una oportunidad de vida diferente a la que estaba destinadas a tener, me hace sentir mejor. Los chillidos de la Flaca solo me hablan de una vida de abusos, dolor y traumas, una vida que no es buena para nadie, ni humano ni rata. Dicen que la psicología de las ratas es muy similar a la de los humanos y no puedo decir nada más que, es cierto. Las he visto pelear, darse apoyo para hacer su nido, robarse la comida entre sí y hacerse bolita cuando hace frío. Odian la soledad y aman comer, especialmente mugrerito.

Y mientras escribo esto, alguien me comenta que el roedor de mi foto del WhatsApp está muy lindo y solo puedo decir que es cierto. Mis ratas son bellas y las amo. No se dejen engañar por sus largas y calvas colas, las ratas son mucho más que eso y además, son mascotas muy fáciles de mantener. Gracias Remy por sembrar en mi la ratariosidad. Gracias Tutis por esas caritas tan monas, las amo como he de amar a todas las ratas que pretendo adoptar con los años, porque me he convertido en una rataliever y juro jamás matar a una de su especie.

Porque ser la loca de los gatos es muy mainstream, ahora soy la loca de las ratas.

Y me encanta.


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Modern Fairy TalesLSDelfina

 

1 comentario en “Rataliever”

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