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Momentos mágicos y trágicos

Disney-magico

La vida nos sorprende constantemente y ese factor sorpresa de lo agradable, es algo con lo cual Disney se ha forjado un ADN del positivismo “mágico”. Es la fantasía del mundo Disney, una utópica realidad diseñada para olvidar algo lo agrio del existir cotidiano. Sobre eso me tocó aprender hace poco en un curso al que me enviaron del trabajo y pues, la verdad es que sí era un tema muy interesante. Digo, Disney, como uno de los grandes monopolios mundiales, sabe que en la emoción está el varo y pues hay que replicar el modelo porque #capitalismo.

Y así como la vida tiene pop-ups, algunos espontáneos y muchos otros, prefabricados, la muerte también. Tal parece que a mi me persigue lo escatológico por todas partes y en el curso de “la magia del consumismo”, uno de los asistentes era agente de ventas en una casa funeraria. Según Six Feet Under, no hay nada de mágico en prestar servicios funerarios y este señor lo pudo constatar con cada uno de los suculentos detalles que me platicó en los breaks.

Las siguientes 24 horas después de este evento, no sé que demonios pasó con el ambiente que se sentía… enrarecido. El sábado me sabía, así, raro. Pronto le tocaba morir al horario de verano del 2018 para dar paso al horario de invierno. Invierno, estación de los suicidios. Así que posiblemente me encontraba viviendo en el día lechodemuerte. Pero dentro de lo atípico que se sentía el sábado, fue bastante divertido y productivo, iba satisfecha, y muy feliz viendo memes en el camión camino a mi casa cuando de pronto escucho un golpe en seco, siento el frenón y niños llorando por el golpe de la inercia.

Se levantan los curiosos de su lugar camino al parabrisas; el conductor no nos deja bajar. Trato de ubicar a qué altura del camino estoy mientras la gente grita “lo mató, lo mató”. Y lo mató. Sube un oficial de la policía para desalojar la unidad y en medida de lo posible, no alimentar el morbo colectivo. Al bajar, lo veo. Mis memes ya no son tan graciosos después de ver a un cuerpo en una postura poco habitual, con la mirada fija en ningún lado, de cuya muerte acabo de ser testigo. El sonido del golpe se repite en loop en mi cabeza y rápidamente me alejo. Por primera vez me encuentro en una escena trágica antes de que llegue la manta y la veladora para el finado.

Entonces recuerdo todo lo que el agente de ventas de la casa funeraria me contó un día antes. Cuerpos destrozados, inflados, descompuestos, desintegrados, quemados, reconstruidos, con cajas cerradas porque no se pudo hacer más. Definitivamente tenía que conocer el factor costo, y justo como lo sospechaba, morir sale caro. A ojo de buen cubero (según sus precios), sale en unos 100k varitos todo el show de los servicios funerarios, espacio en el cementerio, traslado, etc. Se me hizo un exceso tal, que tuve que preguntar de a como salía elegir la cremación por encima de la inhumación. 30 mil más o menos.

“Pero, ¡ay señorita!, la verdad es que yo no se lo recomiendo, oiga. ¿Ha visto cómo se hace la carne al asador? Así mero, se retuerce con el calor. El cuerpo sufre mucho. Primero tiene que meterse al horno por un buen rato y ni así se quema por completo, truena un chorro y huele peor que un perro descompuesto en la calle. Los huesos quedan al rojo vivo, como si fuera una barra de metal, no se crea que mágicamente ya sale el cuerpo hecho cenizas, porque aquí viene la peor parte: lo tenemos que cortar y meter a licuar para que quede hecho polvo y pues la verdad es que sí es muy feo, aunque ya esté muerta la persona, yo por eso le recomiendo a la gente que mejor inhumen, pero pues sí sale caro.”

¿Cuántos tenemos 100k para gastos funerarios así de rápido y sorpresivo como nos llega la hora de morir? ¿30k? La única magia que veo en la muerte es que al menos el que se muere no se preocupa, pero, ¿alguien quiere pensar en las criaturas que se quedan pagando panteones y flores? ¿No es ya suficiente sufrimiento perder a alguien como para también sufrir por dinero? Desconozco qué habrá pasado con la persona que quedó estampada entre el pavimento y la ruta, pero si de algo estoy segura, es que el varo no le sobraba.

De regreso al mágico mundo de Disney y su infalible forma de vender emoción con polvos mágicos incluídos, el nihilismo se apodera de mi mente. Vale dos toneladas de miembro cuánta magia haya en Disney y cuánto billones de dólares facturen al año. Todos terminaremos siendo una plasta orgánica fundible con el entorno, quizás como parte de un proceso orgánico que muy posiblemente resulte un tanto mágico, pero bastante trágico de presenciar, pero pues, así es esto, ¿no? Si bien nos va, alguien nos pondrá en su altar a la espera de nuestra fantasmagórica visita un día como hoy.

“…De cuatro en cuatro nosotros los hombres,
Todos habremos de irnos,
Todos habremos de morir en la tierra…”

-Nezahualcóyotl.


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