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Cuarentena de Pelos

Patty y Selma Bouvier, las hermanas más feministas de Los Simpsons

Una de las libertades  con las que me siento muy a gusto en esta cuarentena, es no depilarme ningún vello corporal, no por nada en particular, sino por la simple curiosidad de ver hasta donde llegan, porque desde los 11-12 años me he venido depilando casi todo lo depilable y la verdad es que es una hueva. Lamentablemente no soy tan “valiente ” de hacerlo en temporadas normales porque no me gusta verme a mi misma con la axila tupida, el bigote de Frida Khalo o las piernas como nopales, sin embargo este es mi momento de reconocerme en mi versión peluda y disfrutarlo mientras dure.

Y ya sé, quizás alguno me lea y pregunte “¿por qué una niña de 11 años se preocuparía por el vello corporal?” Porque así ha sido con las morras desde siempre (en serio, desde los egipcios ya les gustaba torturarse con cera de abeja) y pues quién era yo para contradecir a todas las “niñas bien” de mi salón en plena pubertad, con la última palabra sobre el deber ser de la morrita promedio. Y no es que fuera la mujer lobo, pero ni en cuenta tenía mis propios pelos, hasta que la suripanta de la Priscila* criticó mis piernas peludas en educación física.

Cuando ya andaba cerca de mis XV años, decidí darle cuello a mis cejas. Esos años eran un peligro para la estética y sí, me las quité casi todas porque la moda era llevarlas casi imperceptibles, lo cual era bastante doloroso o fastidioso, ya que si tenías que sacarte muchos pelos, iba a doler bastante, por lo cual usaba el perfilador, pero con este, las cejas empezaban a crecer a los pocos días, ya que básicamente era afeitarse las cejas. Eso sin mencionar que si las sacabas, las probabilidades de que te saliera un granito eran bastante altas, pero si las perfilabas, podías cortarte. Y en ambos casos, podían quedarte chuecas.

Pero lo peor estaba por venir. Cuando empecé a salir con Andrés* me di cuenta que mi forma de ser no era suficiente porque tenía algo terrible en mi cara, algo con lo que él no podía vivir y mucho menos soportar de alguien que saliera con él: el bigote. No sé si era por mi miopía o porque en realidad no era tan tupido, pero yo no lo veía, solo él, que cada vez que iba a darme un beso se reía de mi bigote y obviamente me sentía súper apenada. Probé crema para depilar, pero me ardía mucho y las banditas de cera fría eran un completo castigo, por lo que decidí que usaría el perfilador de cejas. ERROR. Mi tímido bigote empezó a crecer cada vez más grueso y ahora tuve que emplear de nuevo la cera fría, lo cual no solo me quitaba el vello, sino también a veces se llevaba trocitos de piel. Al final terminé con Andrés, el lampiño acomplejado y me quedé para siempre con el problema de un bigote tupido, al cual le tengo la guerra declarada desde los 16 años.

Tener la piel lisa es muy cómodo, pero es un placer efímero con un coste alto y casi siempre es para dar gusto a alguien más. Claramente hoy en día cuando me veo depilada me siento cómoda, pero ya me sentía cómoda como era mi cuerpo, pero tuve que escuchar a la suripanta Priscila y al paisano de Andrés. ¿Quienes eran ellos? Nadie importante, pero tenían una crítica lo suficientemente filosa para arremeter contra la endeble autoestima de una chica peluda. Y ahora que estoy viendo los alcances de mi propia naturaleza, lo disfruto. En mi soledad, en mi intimidad, en mi casa, mis vellos y yo estamos seguros, al menos hasta que ya sea indicado salir y me quiera poner una falda, o una blusa sin mangas, entonces tendremos que despedirnos.

Hace mucho que no hago 5 puntos como los de Otro Rollo, pero creo que es buen momento de hacer un come-back:

  • Nuestro cuerpo, tal y como es, es el mejor traje que tenemos, nos sienta bien, a la medida y es de lo más cómodo hasta que alguien más cree que tiene derecho a cuestionar su naturaleza.
  • Las modas son pasajeras, pero siempre se llevan de por medio a unos cuantos incautos.
  • Los vellos son bellos si tú quieres que así lo sean. Te pertenecen, haz con ellos lo que te dé la gana.
  • Nunca hagas caso a la opinión de la suripanta del salón o a un güey lampiño que usa zapatos blancos con un dragón y cree que es elegante.
  • Y si te vas a quitar los pelos de cualquier lado, toma en cuenta que, a menos que sea depilación permanente, van a volver. Así que piensa en algo que puedas soportar y costear. Pero sobre todo, que lo haces por que así lo quieres y no porque a alguien “le gustan depiladas”.

 

Por esta noches, eso es to, eso es to, eso es todo amigos.


*Priscila y Andrés existen, pero no voy a poner sus nombres porque no merecen aparecer en mi blog con sus identidades reales.

 

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