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Recuerdo a Poli…

Polinesia

Un día decidiste salir de casa sin retorno. No sé dónde estás. No puedo ir a buscarte, no sabría por dónde empezar. Que te habías escapado fue una de las frases más dolorosas que escuché en mucho tiempo y no tienes idea de lo mal que me he sentido desde entonces. Es como si la vida no tuviera sabor, quiero reírme de los chistes de Chems, pero no puedo porque me recuerda a ti y no puedo evitar sentirme triste y culpable.

Sin embargo, mi dosis de culpa es solo por el hecho de haber dejado la ciudad donde vivíamos, donde llegaste a nuestras vidas a darle un giro de dulzura y travesuras que nunca nos hemos explicado cómo sucedieron, porque durante esos años, no hubo día que no te dijera lo mucho que te amaba, que no te sobara la barriguita, que no te llenara de besitos o que no te besara las patitas. Eres la única amiga canina que he tenido en toda mi vida, eres el amor más bonito de cuatro patas que pude ver crecer desde que parecías un pequeño chorizo.

No sé dónde estás, cómo estás, o si estás. Con quién, bajo qué condiciones o si algún día volverás a casa. Lo único que se es que te extraño mucho, porque tampoco, desde que salí de casa, hubo un solo día en que no preguntara por ti o hiciera que me acercaran el teléfono a tu respiración, aunque no tenías ni idea de lo que pasaba. A veces reconocías mi voz y eso ayudaba a sentirnos cerca. Te amo bolita, te amo Polinesia de mi vida.

Solo deseo que estés con bien, no mereces menos.
Eres la perrita más dulce en la vida.

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