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Nosce te ipsum

Ya casi han pasado cuatro meses desde la última vez que amaneció el cielo con el tono esperanza que nos mantiene girando, guiados por la luz del sol, hasta que se pone y moramos pacientes hasta verlo salir al día siguiente a iluminar nuestra vida, sentirla. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste pleno de amanecer? La verdad es que si me lo preguntaran a mi, fue hace demasiado tiempo. Camino por todo el departamento buscando algo que no vive conmigo, pero lo persigo con vehemencia. Me miro al espejo buscando personajes que vivan en mi, pero solo me topo con un grotesco reflejo de lo que me he convertido en esta soledad, en este encierro involuntario presa de mis crisis existenciales varias.

No me reconozco. Intento hallarme todos los días que el sol se cuela por mi ventana, pero no amanezco. No tengo miedo, pero tampoco tengo esperanza. Quien soy ahora no es ni la cuarta parte de lo que era antes de que arrojaran sobre nuestras vidas esta realidad sombría que nos debate entre la locura y la muerte. Somos resilientes, pero seguimos siendo humanos, pese a todo. Aún somos débiles, vulnerables y nos alimentamos del contacto. Pero hoy lo que me mantiene viva son los medicamentos y uno que otro truco añadido que le otorgue algo más de sentido a mi cotidianidad. Un sucedáneo a falta de abrazos. Una píldora a falta de besos. Estupefacientes a falta de amor.

Siento que se escapa de mi la vida, me la están robando. ¿Qué hicimos tus hijos, universo? ¿Acaso ser unos vulgares Homo Sapiens fue nuestra maldición? Perdóname. Quisiera poder enmendar el error y volver atrás, a ese día en que mi hermano fue domesticado por el trigo y nos condujo a una vida de dependencia y excesos. Perdóname universo por habernos convertido en el remedo de lo que alguna vez fuimos. Se nos acabó la vida jugando a la civilización. No somos capaces de interpretar la sabiduría de la Madre Tierra. No somos dignos ya de nada, porque nada de lo que tenemos es puro. La flor más bella del monte puede acabar con la población entera si quien la corta ignora el impacto de sus acciones. O peor aún, si sabe el poder que tiene y aún así decide acabar con lo que nos queda de dignidad animal.

Las sensaciones que alguna vez me dieron la cualidad de ser, son un recuerdo lejano. El calor del amor, lo violento de la pasión, lo estridente de la alegría absurda. Hoy no puedo siquiera tocar la yema de los dedos de quienes amo porque vivimos encarcelados, lejos de lo que nos hacía felices, en las celdas que acondicionamos y les llamamos casa. Solíamos nadar, escalar montañas y cazar con lanza. Hoy no podemos ni respirar aire puro porque ya no existe, y esa nube espesa y contaminada que nos rodea, la tenemos prohibida. Estamos de pie viéndonos marchitar día con día pero a nadie le importa si la hierba en esta pradera social vive o muere. Somos los cardos, la peste debe exterminarnos de una forma u otra.

Seamos juntos la ilusión prohibida. Ven y prentende conmigo a ser lo que ya nunca más podremos. Soñemos con un mañana que no sucederá porque el mundo se nos cae a pedazos, como si de pronto despertáramos y nos diéramos cuenta que todo fue mentira y la vida sólida que teníamos no era más que utilería hasta que el rey dejó de aplaudir la obra y todos le siguieron. Nos abandonaron. No me abandones. Tú no, por favor. Quédate conmigo a intentarlo aunque sea un momento. La tierra prometida no existe más, la promesa fue un engaño. El mañana era una construcción para vendernos vitaminas y comida procesada.

Lancémonos a las profundidades de nuestro ser. Toma mi mano sin temor a morir porque juntos nos otorgaremos la vida eterna sin saber bien qué nos depara, pero no puede ser peor que vivir bajo la sombra de un enemigo que no podemos ver. Te prometo que no seremos los mismos que hoy se quedan sin uñas intentando sentir algo más que desesperación. Tómame con fuerza, porque será el viaje más confuso y satisfactorio que vas a experimentar en toda tu conciencia humana. Eres más que carne y hueso, eres más que un peón que entrega el tiempo a cambio de esa ilusión llamada dinero.

Ahí, en el centro de tu ser se esconde el secreto más emocionante de todos, el misterio más grande, lo más sublime que tendremos jamás. Lo que si protegemos y alimentamos, nos mantendrá vibrando más alto que nunca. Vamos a donde los colores son más vibrantes, las formas mutan y se convierten en todo lo que alguna vez tan solo pudiste soñar. Siente conmigo la nada y el todo. Los latidos de tu corazón y la irrigación de tu sangre hasta la punta de cada uno de tus nervios compondrán la melodía más bella que experimentarás hasta percibir la obra que se teje allá, tan cerca de nosotros, pero tan lejos de la percepción de nuestros trajes de humanos…

…et nosces universum et deos.

-Holly Ek

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