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Más fuerte de lo que esperaba

Es extraño aún hablar de mi padre en pasado. Para mí sigue estando en mis pensamientos cotidianos y aún quiero marcarle por teléfono los sábados para hablar de esas cosas extrañas y abstractas de la vida que no puedo hablar con nadie más. Pero termino hablándole al vacío espacial con la esperanza de que ese mensaje llegue hasta donde vibra la energía de su alma, que no soy yo.

Todos los días son un reto distinto. Estoy en el constante descubrimiento de todo aquello que me dispare un estado mental y/o emocional que me lleve al límite de mi propio entendimiento. Pero a pesar de que es sumamente difícil, tomo todo lo más rescatable de las situaciones adversas y me antepongo sobre todas las cosas. No quiero vivir bajo toneladas de sentimientos y pensamientos que solo me lleven a la perdición de quien soy.

Un día leo un libro, otro día intento aprender otro idioma, otro día armo parte de un rompecabezas enorme, otro día me pongo borracha en una videollamada con mis amigues, otro día salgo a cazar misterios de Randonautica, otro aprendo a patinar… pero otro voy a empezar a llorar de la nada porque de pronto la tristeza me cubre la vida con su manto frío para recordarme la enorme pérdida que acabo de tener. Perdí a mi padre. Joder, de todas las cosas y personas que vamos a perder en la vida, perder a un padre es abismalmente doloroso, pero es un dolor que construye.

Ese dolor me ha hecho más fuerte, no más dura, pero si alguien que no teme. Recuerdo todo lo que platicábamos con anterioridad y descubro que a lo largo de ese tiempo, de una u otra forma, siempre se estaba despidiendo, no como un “hasta luego” sino un “hasta siempre”. Él no sabía cómo pasaría, pero lo presentía. El día que empezó a despedirse de mí en cada llamada, no había aún COVID-19 en las calles, pero me estaba preparando para el inminente adiós.

Y el no temer a la muerte no me hace especial, tampoco el no temerle al dolor. Lo que me hace especial y más fuerte es que no tengo miedo a la vida, lo que sea que eso sea, y lo que sea que contenga mi vida para mi. No temo al dolor, ni a la muerte, ni a la decepción, ni a los ratos difíciles. No temo al peligro, a la gente, a la soledad ni al riesgo. Nacer ya es peligroso, pero el no desquitar ese acto temerario, viviendo, es un daño irreparable para nuestra alma.

Si alguien conocí sin temor a la vida, fue a mi padre.
Si alguien conocí enamorado del riesgo que implica la existencia misma, fue a mi padre.
Si a alguien sentiré cerca siempre, en cada momento de júbilo, dolor y miedo, será a mi siempre protector padre.

Tu partida es una de las lecciones más grandes que me darás por siempre y para siempre.

Estoy eternamente agradecida con tu luz.

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