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Betty La Fea Universe.

BETTY LA FEAHe tratado de escribir sobre mi telenovela favorita por la eternidad en diferentes ocasiones, pero es que simplemente no hallaba el ángulo idóneo para tratar de una manera simple la complejidad que hay en lo cotidiano del universo Betty La Fea. ¡Y es que es una maldita obra maestra! Venga, que para darle tanto poder a un personaje poco atractivo y sin plata (amo decirle plata al dinero aunque así no le digamos en México) es algo remarcable. Porque además, en los medios, rara vez se le da protagonismo a la gente común con problemas comunes, como si solo las élites tuvieran problemas, tratando así de encubrir el drama del día a día que pasa la clase trabajadora. Por eso se convirtió en el éxito televisivo que hoy en día sigue siendo y más de 20 años después de haber salido al aire, sigue dando de qué hablar, y yo la estoy viendo por tercera vez desde que la subieron a Netflix.

Y es que la gente común y corriente como ustedes que me leen y como yo (a menos que me estén leyendo transhumanos), probablemente nos sintamos identificados con alguno de los personajes que forman esta historia tan divertida como dramática. Con quienes me siento demasiado identificada siempre, es con el cuartel de las feas, incluso desde que era niña, que fue cuando la telenovela salió y no sabía nada sobre lo que era el compañerismo de oficina y lo difícil que es conseguir un puesto decente a pesar de estar preparado, sin embargo sabía lo que era pertenecer a lo feo, a lo que nadie aspira a ser. Mis mejores amigas en la escuela eran dos morras que habían repetido dos años, una gordita de pelo corto y la otra era alta, flaca y con acné. Yo era la chaparrita amargada y las tres éramos un mini cuartel de las feas, pero nos divertíamos horrores rajando de todos los que nos caían mal o estaban más feos que nosotras.

cuartel de las feas

El cuartel de las feas es el reflejo de todo lo que, a pesar de los supuestos avances en la sociedad, nadie aspira a ser: la ‘larguirucha‘, la gorda, la negra, la vulgar, la chaparra, la vieja y la cerebrito, pese a que cada una, por mucho, tiene personalidades y habilidades increíbles. Sobre ellas siempre estarán las plásticas, porque en todo orden social, siempre existen (algún día escribiré sobre eso). Las plásticas, como son Patricia y Marcela, tienen belleza y estatus, pero carecen de amor propio, dignidad y escrúpulos. Por un lado Patricia haría cualquier cosa por dinero, aunque fuera ser tratada como un objeto sexual y ser constantemente humillada por todos los hombres que la rodean por considerarla estúpida y superficial. Puede más su necesidad de mantener un Mercedes o un celular (que para la época era un lujo) que pagar la electricidad o comer. Por el otro lado, Marcela es la eterna mártir de los engaños de Armando, simple y sencillamente porque a pesar de proyectarse como una mujer regia y de mundo, con clase y buen gusto, lo cierto es que tiene un autoestima tan bajo, que prefiere encapricharse con tener a Armando en su vida, a pesar de que evidentemente él no la respeta ni la quiere, que encontrar una relación sana, en primera instancia, con ella misma.

Los hombres en esta historia son una atrocidad por donde se les vea (con algunas dignas excepciones, a mi consideración):

  • Armando es adicto a las mujeres bellas, por lo cual jamás se toma a nadie en serio (ni a Marcela) ya que no conoce lo que es la empatía, la lealtad, el respeto y mucho menos el amor
  • Mario es un mujeriego irremediable, cínico y sin un ápice de pena o recato de ser como es
  • Daniel es el típico patán que utiliza a las personas y le mama el mansplaining. Además que es un amante irresponsable que no usa protección y se lava las manos de las consecuencias que eso acarrea
  • Don Hermes es un señor de antaño que tiene a su propia hija atada bajo el yugo de lo que él considera virtud y decencia, por lo cual Betty vive solo de sus fantasías, ya que no conoce su enorme potencial como mujer
  • “El Cheque” es un viejo verde desleal e irresponsable además de cínico y manipulable
  • Gutiérrez es un ejecutivo libidinoso que aprovecha su cargo para intentar propasarse con las empleadas.
  • Hugo Lombardi es un tipo misógino, clasista, elitista e insoportable
  • Nicolás, a pesar de ser el gran amigo de Betty y tener destellos de decencia, es un acosador callejero 

Por otro lado, algo que ahora, conociendo el concepto de sororidad, me saca mucho de onda, es la competencia desleal y el desprecio mutuo que tienen la mayoría de los personajes femeninos, como Patricia y Marcela con Betty; el odio perpetuo que tiene Marcela contra todas las modelos (a pesar que quien le debe respeto es Armando); cómo Sofía le tiene la guerra cantada a Jenny por haberle “quitado el marido” (de nuevo, Jenny no era quien le debía lealtad a nadie, sin embargo Efraín sí irrespetó su matrimonio) y la postura que toma Marcela con Catalina Ángel de “mi amistad o la suya, escoge” cuando descubre que Betty estaba trabajando con ella.

A pesar de que por años ha sido una historia con la que me he sentido identificada porque cuando la vi por primera vez era una niña que se sentía fea por todos los ángulos posibles, hoy en día me parece un análisis muy interesante de la sociedad de finales del siglo XX y principios del siglo XXI en el que se preponderaba por encima de todo la belleza física, la delgadez extrema y el estatus social. Afortunadamente en la actualidad lo que se considera físicamente bello tiene un espectro más amplio y las mujeres somos más libres de abrazar las características únicas de nuestros cuerpos como una forma caprichosa de belleza con la que la naturaleza nos dotó. Si eso a los hombres no les gusta, ya no nos importa. Hoy somos nosotras para nosotras.

Y francamente no me gusta el final de la telenovela. Armando, si bien no es del todo malo, sí es alguien con muchos problemas psicológicos no resueltos, gracias a los cuales se llevó de encuentro a muchas personas, entre esos a Betty. Ella era una persona extremadamente inteligente en lo intelectual, quien infortunadamente no contó con la preparación debida para el mundo como una mujer, por ello siempre estuvo insegura sobre su apariencia. Imaginemos por un momento que en su casa jamás la obligaron a vestir como señora católica desde niña y siempre tuvo seguridad en su imagen. Esa Betty hubiera arrasado en la vida desde el principio, porque no solo hubiera obtenido loas por su gran capacidad como economista, sino que jamás se hubiera tenido que conformar con nada de lo que le ofreció Eco Moda desde que entró: tener un puesto de secretaria a pesar de su preparación profesional y ser la amante de su jefe, que además se prestó a maquinar una figura legal para engañar a todos.

Una Betty “normal” quizás no hubiera sido una despampanante modelo, pero nunca nadie la hubiera hecho sentir menos por su ropa o su peinado, ya que no llamaría la atención por la forma anacrónica de su arreglo personal. Quizás hubiera encontrado un puesto de acuerdo a sus capacidades en otro lado, porque proyectaría confianza en sí misma (lo cual era su principal problema, no el supuesto ejército de bonitas que le quitaban los buenos cargos). O si de plano hubiera entrado a Eco Moda, hubiera sido directamente para reemplazar a Olarte, nunca como una secretaria. Como su seguridad en sí misma no dependería de la aprobación masculina, pudiera haber hallado a Armando atractivo, pero nunca se hubiera convertido en su obsesión al grado de cometer casi ilicitos “por amor”, incluso, si Armando le hubiera hecho insinuaciones para tener una aventura con él, lo hubiera rechazado por tener una moral tan pobre en lo que respecta a las relaciones 1-1. En resumidas cuentas, nunca hubiera sido una solterona crónica, porque en su mundo ideal, eso no sería ni siquiera un concepto, estaría feliz con su vida, sus amigos y sus logros personales.

Pero no, a Betty le tocó una vida difícil y se quedó con Armando, quien a pesar de todo el drama, parece ser un sujeto que conoció el amor de una forma extraña y aunque pienso que no merecía tanto por la forma tan despreciable de ser que tiene, creo que empezó a amar a Betty incluso antes de que él mismo pudiera darse cuenta, ya que ella le brindaba toda la paz, soporte y tranquilidad que Marcela no (y ojo, que no estoy de acuerdo en la traición, pero Marcela en realidad tampoco lo quería, solo quería poseerlo, como buena tóxica que es). Dos personas dañadas se hallaron en el camino y resultó ser una combinación ganadora. Y así como pasa en la vida, pasa en las películas y pasa en TNT, pasó en Betty La Fea, una historia que no pasará de moda mientras las mujeres no nos demos cuenta de nuestra verdadera luz, mientras exista alguien que intente apagarnos llamándonos feas, por el simple y sencillo hecho de ser únicas e irrepetibles, con características que nadie más que nosotras podemos tener.


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