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Este momento se ha ido.

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Si bien el concepto de impermanencia, aunque era un tema regular en las llamadas vespertinas que mantenía con mi padre los sábados, no le llamábamos de ese modo. De hecho, era un tema recurrente en las charlas que sostuvimos toda la vida, abordándolo desde distintos ángulos. Siempre citaba a Heráclito con su “nadie se baña dos veces en el mismo río” y en cada etapa que se habló de ese tema, seguramente aprendí algo. Semanas antes de que tantas cosas cambiaran drásticamente en mi vida y en mi familia, descubrí tal cual la palabra “impermanencia“. Fue como un llamado de alguna fuerza del universo que me arrastraba a aprender por mi cuenta qué era.

Ya sabemos que el año que corre es por mucho, uno de los más difíciles que nos han tocado a quienes coexistimos en el zeitgeist de los siglos XX y XXI. En tiempos tan complejos como los que corren, es cuando nos refugiamos en rincones mentales (normalmente olvidados) donde nos sentimos seguros. Puede ser cualquier cosa que nos de risa, en lo común de los días, en los recuerdos agradables de épocas que considerábamos interminables por nefastas (que al final terminaron siendo momentos de mucho aprendizaje) y que comparándolo con los tiempos actuales, se echan de menos por lo sencillos que en realidad eran.

Extrañamos lo que ya no tenemos y que nos hizo sentir tanto, tan intensamente. Recordar, es navegar por un frágil momento en el tiempo que vive en nuestra memoria, como si fuera independiente de nuestra propia vida, la que se estabiliza en el llamado presente. Lleva una corriente tan rápida, que más pronto que tarde, soltamos el recuerdo y llegamos al común, ordinario y soso, ahora. Quisiéramos permanecer más tiempo abrazando ese instante que hace ya tanto se fue. Estamos, pero no sentimos igual. La vida huele distinto, tiene otro sabor, los sonidos que nos envuelven ya no llevan el mismo ritmo, el paisaje ha cambiado. La ropa no queda igual, las noticias no tienen el mismo impacto y más bien, siempre estamos esperando que lo peor suceda, aun así lo enfrentemos con la mejor actitud.

Todos los días, por momentos muy minúsculos quizás, tenemos la necesidad de refugiarnos en lo que nos cimentó como personas, pero al mismo tiempo nos gustaría redescubrir la vida. Hay emoción, pero no con la misma intensidad. No habrá una segunda primera vez para nada. Nuestra primera mascota, el primer mejor amigo, el primer cigarro, la primera borrachera, el primer reporte, el primer extraordinario, la primera vez que te volaste clases, la primera vez que usaste una tecnología que era novedad, la primera vez que te enamoraste, tu primer reality-check, tu primer concierto, la primera vez que manejaste, la primera vez que te rompieron el corazón… y tantas otras primeras veces que nos gastamos en los años más verdes de nuestra vida.

A lo mejor peco de pesimista y actualmente estoy enfrentando otras primeras veces de las cuales no tengo (o no quiero tener) consciencia, ni les tengo demasiado aprecio porque suceden en un espisodio de mi vida que quisiera borrar: la primera vez que hice home office, la primera vez que pasé un duelo a larga distancia, la primera vez que hablé de mi padre en pasado, la primera vez que compré muebles y electrodomésticos para mi casa, la primera vez que viví sola, la primera vez que no se me murieron las plantas, la primera vez que usé crema antiarrugas, etc. ¿Extrañaré este tiempo cuando ya sea un recuerdo, tal y como ahora echo de menos los momentos más agrios de mi adolescencia a pesar de cuánto los odié? No lo sé, pero algo sentiré. Muy probablemente no sea algo agradable, pero me exprimirá del pecho muchas emociones el recordar este año, este mes, este instante que se me escapa entre los dedos mientras escribo.

“Nunca el mismo hombre se bañó en el mismo río”. “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante”. No sé qué vendrá después, pero afortunada o infortunadamente, ni esto ni lo que viene será eterno. Muchas personas compartiremos el espacio-tiempo en el futuro, pero no seremos las mismas. Experimentaremos emociones muy distintas y nuestra relación con el entorno y los personajes de quienes nos rodeamos no serán iguales, nunca. A quienes  hoy amamos y son fundamentales en nuestra historia personal, mañana quizás no lo sean más, si es que todavía nos acompañan en el mismo plano dimensional. Me entristece y al mismo tiempo me libera saber que nada será como era, ni será como es en este preciso momento. Quizás no siempre me toque sufrir sola, quizás no siempre tendré que elegir el camino del dolor para enfrentar la vida desde el filtro más cínicamente gris, ni las primeras veces que me toquen vivir entonces, sean en un contexto de desasosiego y angustia.

Pese a todo, aún tengo ilusiones, aunque sé que una vez que se concreten, se esfumarán para siempre y pasarán a convertirse en recuerdos, en reminiscencias…

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