Cultura, internet, sociedad

Influenshitters


Adicción a las selfies ¿Problemas de autoestima? — Steemit

Corren tiempos difíciles para los soñadores de realidades constructivas y amigables para el bien común. A cambio tenemos pandemia, crisis económica, desequilibrios mentales y una sed de relevancia efímera casi enfermiza que afecta no a pocos individuos dentro de nuestros círculos más cercanos. Pero el tema del que escribiré hoy, es algo que todos hemos visto y muchos nos preguntamos, ¿qué hicimos mal como sociedad para llegar a este punto? ¿Tiene retorno? ¿Tenemos esperanza?

Los influencers

El término en sí mismo me da un escalofrío de arcada por los costados del tronco, por todo lo que engloba y lo mal definido que está. Y no, esta entrada no va para nada desde la envidia por la relevancia y penetración que tienen estos personajes a nivel masivo, (cosa que una humilde blogger como yo no consigue, y si lo quisiera, definitivamente mi proceder para lograrlo, sería completamente diferente) sino desde la duda de cómo llegamos a poner en el punto de mira máximo a individuos tan superficiales, sosos, vulgares, orgullosamente brutos y que además buscan escalar todavía más alto en esta sociedad que le rinde culto a la aspiración, a lo falso y a lo fugáz.

Entiendo que la mayoría de las personas hoy por hoy, a pesar de desarrollarnos como seres plenos y tener pasiones en la vida, a veces necesitamos una buena dosis de chatarra para la mente. Mi chatarra mental, por ejemplo, se abastece por medio de las cuentas de chismes en Instagram, dedicadas exclusivamente a la vida de los influencers mexicanos. No sigo a ninguno directamente, pero me entero de lo que hacen, a muchos no los conozco, ni sé de dónde salieron o por qué son famosos, pero lo que nunca deja de sorprenderme es la capacidad que tienen para reinventar su contenido a partir del morbo que generan sus declaraciones, decisiones y por qué no, sus mismas humillaciones. Podrán ser las personas más imbeciles sobre el planeta -al menos aparentemente- pero siempre tienen la fórmula idónea para para engancharnos con sus historias acerca de su última rutina de ejercicios o las nuevas carillas dentales.

Esa capacidad de reinvención para mantenerse en la mira, es lo que los vuelve irresistibles para muchas marcas e incluso para la política, que ya de por sí es un chiste en sí misma. Pero analicemos un poco más detenidamente el panorama de estos individuos, que comparten características similares entre sí. Es más, si tú que me lees, desear convertirte en un avatar de estos, solo tienes que cumplir con lo siguiente:

  • Estar obsesionado contigo mismo
  • Pensar que todo el tiempo, todas las personas te envidian
  • Ser excesivamente crítico con tu competencia
  • Estar eternamente peleado con las opiniones contrarias a cualquier cosa que sea rendirte pleitesía
  • Tener una relación cercana con la función “bloquear usuario
  • Divulgar cada minúsculo e irrelevante detalle de tu vida para crear interés
  • Responder a cosas que “muchos te han preguntado” pero que en realidad nadie te preguntó
  • Entablar una relación de acérrima animadversión con la ortografía y la dicción
  • Ser ostentoso, presumido y egocéntrico
  • Comprar seguidores, aunque no hablen tu idioma o vivan del otro lado del mundo y no sepan quién eres o qué dices. Y por supuesto, negar en público que lo has hecho
  • Entablar relaciones de intercambio de “bienes” con millonarios. En una de esas, el millonario en cuestión resulta ser un político en ciernes y te cambia la suerte un poco
  • Creer ser el elemento más importante para cada lugar que visitas y cada producto que usas, es más, de ser posible, ofrécete como vía de promoción para conseguir todo gratis
  • Olvidar todo lo que llegaste a saber sobre empatía
  • Si la popularidad se ve mermada, peléate con gente más penetrante que tú para que la polémica te ponga de nuevo en un sitio privilegiado de atención
  • Lanzar tu propia línea de merchandise hecho en China, brandeado, a precios exhorbitantes, porque vales la basura que vendes en oro
  • Recomendar productos que nunca usarías, pero que por la mención, ya te pagaron lo equivalente a un bolso de alta gama
  • Rodearte de gente igual de famosa que tú o más. Indispensable que sea una relación mutuamente hipócrita
  • Intentar convencer a todos que el trabajo que haces (como exhibir tu nula capacidad de mantener la boca cerrada, no guardar protocolos de higiene, estar acomplejado por no pertencer y/o ejercer una paternidad negligente) es el hilo negro
  • Si la imaginación queda a deber para generar contenido, porque tu vida no tiene mucho de interesante para compartir, siempre puedes copiar a tus símiles, mostrar más partes de tu cuerpo o hacer coreografías (pero de ser posible, si no sabes coordinar, no te humilles, es feo tener atención por falta de gracia)
  • Explota a toda tu familia, exhíbelos, vuélvelos parte de este zoológico digital de monos con internet
  • Si existen hijos, mascotas, o personal de servicio, olvida que son seres vivos, úsalos como un accesorio para atraer más seguidores
  • Ninguna de las características físicas con las que naciste sirven, opéralas. Y si llegas a un convenio con un cirujano de medio pelo, ¡cirugías gratis! Y retoques constantes, hasta llegar a tener una cara completamente diferente
  • Y quizás con un la ayuda extra de un peluquero, hasta cambias de etnia

Y aunque parece chiste, es anécdota. Lo más sorprendente es que ahora individuos con dichas características son quienes influyen en las decisiones de compra de una enorme multitud de mirones, pero creo firmemente que no les podemos llamar a la ligera influencers, porque no crean influencia de calidad en las personas, solo les ofrecen productos y un estilo de vida aspiracional. Como lo fueron en su momento los spots televisivos con actores y situaciones demasiado idealizados como para creer sean parte de la realidad del común de los mexicanos. A lo mucho, podríamos llamarles edecanes digitales. Aunque claro, el término es menos pegajoso y rimbombante

Su contenido no me está enseñando nada, no me aporta algo de valor, es más, me quita el tiempo que podría invertir en algo constructivo. Lo sé, es mi decisión estar ahí viendo chatarra mental, pero si no hubiera demanda no habría oferta y viceversa. Las personas, directa o indirectamente hicimos famosos a estos personajes. Lo peligroso ahora no es que vendan maquillaje de dudosa manufactura o bebidas con dosis nocivas de conservadores, sino que se volvieron tan parte del imaginario colectivo, que ahora ya se les está considerando para cosas que sí son relevantes y eso sí es un peligro para la integridad de nuestra ya tambaleante sociedad.

En este punto viene a mí la incógnita: ¿dónde están los verdaderos influencers? Aquellos que nos regalan su tiempo y sabiduría para hacer de este mundo un sitio más acogedor y comprensible. ¿Por qué la gente que sí le podría sumar a nuestras vidas algo de valor, es casi anónima? Creo tener una respuesta para esto, y es que vivimos en los tiempos donde el saber y el conocer, no importan tanto como el parecer. Lamentable que en esta época, donde probablemente el conocimiento nunca antes estuvo más al alcance de tantas personas, se elige permanecer bajo la sombra de la ignorancia* para sucumbir al morbo y a la aspiración de un estilo de vida muy poco sostenible para la mayoría.

  • Por eso nos encueramos en Instagram
  • Por eso bailamos en Tik-Tok
  • Por eso ya no pasan El Rival más Débil en la TV. (LOL)
  • Por eso nuestros viajes son más de pose y fotografía, que de aprender algo sobre el sitio que visitamos
  • Por eso nuestras fotos llevan más filtros que fondo
  • Por eso abundan las bichectomías
  • Por eso llenamos nuestros espacios de basura
  • Y lo peor… por eso llenamos nuestras mentes de basura

Hoy te invito a ti que me lees, que compartas cualquier cosa que te deje algo enriquecedor. Aunque sea la cosa más rara en tu acervo personal de datos inútiles. 

  • Comparte las clases de repostería que tiene tu amigo el chef
  • Comparte el taller de yoga online que tiene tu mejor amiga.
  • Comparte el club de lectura de tu hermana
  • Comparte el podcast que tiene tu compañera de trabajo

Involúcrate en iniciativas de valor para hacer de esta chismosa sociedad, algo más decente. Porque probablemente seguiremos morboseando la vida de esas fábricas de memes ambulantes que se hacen ricos actuando como más idiotas de lo que son, pero también tenemos derecho a cultivar un poco más a nuestras amadas mentes, que tanto nos dan.


*Nunca dejaremos de ser ignorantes, pero el intentar dejar serlo, suma mucho.


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