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Esto fue todo, amigos.

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No puedo siquiera empezar debidamente este texto. Pero lo haré como venga.

Como alguna vez lo expresé, mi relación con este blog ha sido la más larga, sana y estable que haya tenido con cualquier otra entidad, tangible o intangible. Fueron ocho años de venir periódicamente a exorcizar mis pensamientos y ponerlos ahí afuera, con ese toque característico que ya he perdido. Porque la persona que empezó este blog y quien escribe ahora, son completamente distintas. Pudo ser la edad, la madurez, la pandemia o el dolor constante que siento en mi vida los que me hicieron perder el rumbo con el que empecé a navegar por la escritura informal. Nunca fui constante, pero trataba de ponerle lo mejor de mi a cada entrada, como si pusiera la mesa para recibir invitados al festín de mis pensamientos desglosados en palabras.

Pasó de ser un jocoso compendio de entradas sobre la vida moderna a una especie de diario personal, algo que nunca quise que fuera desde el principio, pero en el cual evolucionó sin darme cuenta. Y ya no quiero eso, ya no quiero tener un sitio al que venir a lloriquear mis desavenencias, frustraciones y problemas existenciales porque son cosas que a nadie le importan y porque no quiero hacer de mi vida mi contenido. Hay quien gusta de expresarse desde su persona, pero a mi no, o al menos no tan públicamente ni tan detalladamente. Puedo escribir sobre muchas otros temas en los que no soy yo la protagonista. Y ya sé que una vez dicho eso, toda esta entrada será una contradicción. Pero creo que tengo el deber moral de despedirme de algo que tuvo mucho valor para mi, así como de las personas que me han leído todo este tiempo.

La mayoría de quienes me leen son mis amigos en Facebook y muchos de ellos sabrán que últimamente solo publico memes y tonterías. Contenido genérico que podría dar la impresión de que, a pesar de estar pasando un año de mierda, no lo llevo tan mal. Pero nada más alejado de la realidad. Lo llevo peor que nunca. Estoy soberanamente deprimida, triste, sin ningún tipo de inspiración acerca de nada, sintiéndome todos los días como un autómata, rodeada de vacío, con el corazón roto y las ilusiones muertas. Dejé de sentir, de emocionarme, de verle el lado amable a la vida y todo lo que siempre quise hacer y ser. De pronto no sé siquiera si podré intentar hacerlo y eso me corroe el alma a un nivel que nunca pensé experimentar.

Años antes he tenido depresión, eso no es ningún secreto para las personas que me conocen de mucho tiempo. Pero eso no es algo que defina mi personalidad, porque, ¿quién en estos tiempos no está deprimido? A pesar de estarlo, me considero funcional, es más, hasta podría decir que quien no me haya tratado en mi peor momento, podría pensar que todo trabaja normalmente y sin problemas, porque me encantan los chistes malos, el humor simplón y hacer reír a la gente con mis memes y ocurrencias. Ocupo casi todos mis recursos mentales en otras actividades, casi que ni el día me alcanza para cubrir todo lo que busco hacer desde que sale el sol hasta el anochecer, intentando inútilmente llenar el vacío que llevo en mi vida.

Y ese tan mencionado vacío parte de una gran crisis existencial, no por el miedo a la edad o a la muerte, sino por la duda de, ¿es esta la vida que deseé vivir cuando era más joven? ¿Es este el camino que quiero seguir para llegar al sitio? ¿Cuál era ese sitio? ¿Alguna vez lo supe y ya lo olvidé? Seguramente no soy la única que se lo pregunta, pero sí me gustaría darme un momento de analizar mis fichas y saber qué estoy haciendo mal, que la vida y casi todo lo que incluye, me sabe peor que antes. Claro, buena parte de todo el mal sabor tiene que ver con la maldita pandemia, pero eso no lo puedo controlar.

Mi casa la siento ajena, no solo porque lo es, sino porque todas las historias que se dibujan diariamente se borran de mi memoria por la cualidad de idénticas. No me siento en casa en este sitio, no me sentía en casa cuando estaba en la que fue mi hogar muchos años y ahora que regreso, lo es menos todavía porque todo lo que tenía ahí ya no está. Mi familia ha cambiado, mis espacios y las historias que se dibujaban día tras día también. Se han vuelto solo recuerdos y mis nuevos recuerdos solo saben a una vulgar repetición de nada y eso ha matado mi creatividad para escribir, mis ganas de vivir, de crear y de emocionarme por la vida per se.

Sé que algún día volveré a encontrarle sentido a todo lo que me rodea, me ha pasado antes. Solo tengo esta vida, se pasa volando y no tengo tiempo que perder. No es la primera vez que sufro una pérdida tan dolorosa, ni la primera vez que he tenido que reconstruirme con escombros de mi propio ser. Pero hoy mismo, ya no puedo. Lo que tengo para unir esos escombros no aguanta ni el polvo. Sé que dije hace un año que honraría la memoria de mi padre a través de mis textos, pero, ¿cómo puedo honrarlo si mis textos son insulsos y llenos de autocompasión? No son dignos de nada. No tienen el alma de antes. Ni los escribe la misma Alma.

Escribir siempre ha sido una de mis actividades favoritas, incluso más que mi propia profesión (va, lo he dicho). No creo ser tan buena, pero soy honesta y esa honestidad me ha ayudado a pulir muchos aspectos, por no decir, ayudado a levantar mi propio trasero. Gracias a la escritura he vivido experiencias maravillosas, conocido a gente increíble y tenido la oportunidad de mejorar en esto, pero sin corazón no se puede hacer nada. No hay absolutamente nada en esta vida que no pueda vivir sin pasión, sin el corazón puesto al cien. Y hoy en día, mi corazón solo puede bombear recursos suficientes para mantenerme medio estable en el pasar de un día similar al anterior, días que pasan sin curso, sin gloria, sin nada.

Y por ello he decidido terminar esta relación tan bella. Desde el amor, los grandes recuerdos, los buenos momentos y el agradecimiento infinito. Algún día volveré a enamorarme de la escritura, de mi vida y de mi. Hoy soy solo una extraña en su propia existencia. Y esa extraña, prefiere perderse un rato en ese remolino de emociones incomprendidas para ver con qué sale de ahí, de vuelta al mundo. Quizás regrese con algo mejor, quizás no regrese, pero ese viaje debe hacerse porque de otra forma, no solo quedará deprimida, sino muerta en vida.

Y los muertos, aunque respiren, no escriben.

Gracias por todo, espero nos leamos pronto.

Alma Delfina

1 comentario en “Esto fue todo, amigos.”

  1. Te admiro muchísimo, Al ilya. Será muy triste no leerte más por aquí pero hacer pausas o detenerse es válido y está bien. Te abrazo a la distancia.

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